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	<title>Editorial Comba | </title>
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	<description>Editorial independiente de letras hispánicas</description>
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	<title>Editorial Comba | </title>
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		<title>Reflejos de la épica</title>
		<link>https://editorialcomba.com/blog/reflejos-de-la-epica/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan Bautista Duran]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 05 Jul 2023 17:36:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[al compas]]></category>
		<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[Ana Santamaría]]></category>
		<category><![CDATA[Benengeli 2023]]></category>
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					<description><![CDATA[Para evitar la confusión de los círculos dantescos lo mejor es acogernos a la ironía y el humor, tal como sugiere Ana Santamaría.]]></description>
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<p></p>



<p></p>



<p>Por Juan Bautista Durán</p>



<p>Que la primavera se fue en un suspiro, eso decíamos, y decimos todavía, ahora que empieza el verano y con suerte nos traerá un ritmo más pausado. El clima manda, es determinante. No hay épica en verano, o si la hay es de otra índole, no la de quienes cruzan medio mundo y remedan el viaje del héroe, sino más bien la de quienes inventan nuevas formas creativas o deben luchar contra las llamas, y en esa refriega, sin quererlo, alcanzan los nueve círculos del infierno descritos por Dante. Éstos, que iban para la eternidad, que estaban marcados con este sello, se están haciendo año tras año más patentes. Y no sólo por el calor. Claro que con él se agrandan, eso sí, pues en el fuego prenden nuestros instintos más básicos y lamentamos no habernos quedado en el limbo, medio suspiro antes de la primavera. Sabemos de algunos que no les fue nada mal ahí.</p>



<p>         Para evitar la confusión de los círculos dantescos lo mejor es acogernos a la ironía y el humor, tal como, de forma indirecta, sugiere Ana Santamaría en su intervención en la Semana Internacional de las Letras en Español, Benengeli 2023, organizada por el Instituto Cervantes y que congregó a una sesentena de destacados autores; entre ellos, tres con obra publicada en Comba: Karla Suárez, Ana Santamaría y Tomás Browne. </p>



<p>         La autora burgalesa, a propósito de los cuentos reunidos en <em>Libres</em> (Comba, 2023), dijo silenciar las grandes batallas de la épica, las pruebas de valor que tienen que ver con la muerte y el vértigo, para poner de relieve la necesidad de vivir de los personajes, de la gente común, que se debate en una realidad tiznada de ficción y ha de lanzarse en busca de una historia que le confirme quién es. Es fácil apreciar esto en el cuento que da título al libro o en ‘Se llamaba Hansel’, por citar dos de ellos, en los cuales, sin acudir a grandes hechos y sirviéndose de un humor sutil, Santamaría traslada al lector algo muy próximo a la épica. Al respecto, dice: «Valoro del género lo que significa contar; es el cauce adecuado para transmitir una cosmovisión».</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Acudió también a hablar de la épica Tomás Browne, poeta y pintor, además de jardinero, que en sí mismo y sin necesidad del elemento trágico podría transmitirnos la idea de epopeya. Su poesía, dijo, está vinculada con la expresión gráfica de la naturaleza y con la ruina. La poesía, para él, es «un hallazgo interior que se presenta en forma de ruina» y el cual convive con las leyendas y mitos que se reescriben y reinterpretan, formando nuevas capas. En ellas está el reflejo del poeta, asegura, quien en su tarea dice algo que está descubriéndose.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para referirse a estas ruinas Browne suele emplear el término palimpsesto —«manuscrito antiguo que conserva la huella de una escritura anterior borrada artificialmente», según consta en el DRAE—, hecho del cual podemos dar cuenta tanto en <em>El cuidador de inicios</em> como en <em>Silbar los viajes</em>, reunidos ambos en la trilogía del mismo título, <em>Silbar los viajes</em> (Comba, 2017). «¿No fue Dante, por amor a Beatriz, que alcoholizó al poeta y el poeta a su poema? […] El amor es puro como el infierno/ es placentero ver cómo sus llamas queman/ los mejores versos», escribe en <em>El cuidador</em>. «Vine viniendo con los fuegos del infierno», sigue en <em>Silbar</em>, para hacerse al fin la pregunta que acaso acomode la idea de palimpsesto —las ruinas que halla el poeta— con la de épica: «En cuál muerte debemos nacer?»</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta cuestión encaja de maravilla en los cuentos de Ana Santamaría, en algunos de forma más evidente que en otros, por supuesto —una golondrina no hace verano—, con la contundencia propia de nuestra sociedad y que es marca de la épica. Tal vez no responda a las claras a la pregunta que la organización de Benengeli 2023 trasladaba a sus participantes, es decir, si en la literatura actual se atisban reflejos de lo que fue la antigua épica, pero en ella vibra su esencia y como tal la sentimos: es en nuestro diario renacer, en las muertes que nos dan vida, donde convocamos aquellos tiempos con unos códigos modernos. No es ya la grandiosidad de las antiguas gestas, sino una interioridad que reduce a la abstracción el tamaño de los antiguos enemigos. Y no por ello los actuales son menos peligrosos. Ni menos literarios. </p>



<p>        En los personajes de Santamaría esta circunstancia se pone de manifiesto. En su peripecia, la autora burgalesa describe «las hazañas del día a día para hacer frente a los ruidos que nos usurpan la realidad». Y esto, qué duda cabe, puede tomar tintes de heroicidad.</p>
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		<title>Derivados de la piedra</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Juan Bautista Duran]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 29 Mar 2015 20:36:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[al compas]]></category>
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		<category><![CDATA[Clarice Lispector]]></category>
		<category><![CDATA[cuaderno de bitácora]]></category>
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					<description><![CDATA[El no-va-más para quienes escriben a mano son las nuevas libretas de papel derivado de la piedra, de tacto sedoso y más ecológicas, según el fabricante, resistentes al agua y por tanto al sudor de quienes se ejercitan con la escritura a mano. Este tipo de papel es correcto para la escritura, pero mejor serviría para la lectura, en verdad, para el libro más que para la libreta. Su punto impermeable permitiría ampliar los campos de lectura, ya no sólo el sofá, la mesa o el despacho, sino también el baño o la embarcación. Sería ideal para un cuaderno de bitácora que fuera libro también, que entre las salpicaduras marítimas y el chorro de tinta soltado por el marinero —viento en popa a las 23:00, rumbo noreste, sin particular apuro—, quepan igual unos versos.
‹‹No sé si la música de las esferas sembró la razón —escribe Tomás Browne en Las semillas de Urano—/ pero por cierto la razón sembró el odio./ No sé si el sonido en nosotros sembró la locura/ pero por cierto la locura sembró el amor.››
Se escribe en clara comunión con la lectura, y uno aporta a lo leído su visión personal, amor o locura, muestra de aquello que considera relevante. El espacio clave en esta línea es Twitter, con sus ciento cuarenta caracteres para decirlo todo, resumir o realzar un motivo. Twitter da buena cuenta de los tiempos que corren, en que las prisas conviven con las exquisiteces, el mensaje inmediato con el papel derivado de la piedra —viento en popa con rachas a estribor a las 23:30 que agitan la navegación sin mayor novedad rumbo noreste—, y un intercambio, a todo esto, constante. En Twitter se opina a la misma velocidad que en la barra de un bar, donde se comparte, se aprueba, se rechaza la información recibida en milésimas de segundo. Apenas da tiempo a la reflexión, a menos que se introduzca hábilmente en la charla, y no da tiempo porque, como en el bar, pero también en el mar —viento a estribor a las 00:10, golpe de timón para no perder rumbo—, una respuesta lenta puede ser nula.						]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>El no-va-más para quienes escriben a mano son las nuevas libretas de papel derivado de la piedra, de tacto sedoso y más ecológicas, según el fabricante, resistentes al agua y por tanto al sudor de quienes se ejercitan con la escritura a mano. Este tipo de papel es correcto para la escritura, pero mejor serviría para la lectura, en verdad, para el libro más que para la libreta. Su punto impermeable permitiría ampliar los campos de lectura, ya no sólo el sofá, la mesa o el despacho, sino también el baño o la embarcación. Sería ideal para un cuaderno de bitácora que fuera libro también, que entre las salpicaduras marítimas y el chorro de tinta soltado por el marinero —viento en popa a las 23:00, rumbo noreste, sin particular apuro—, quepan igual unos versos.</p>
<p>‹‹No sé si la música de las esferas sembró la razón —escribe Tomás Browne en <em>Las semillas de Urano</em>—/ pero por cierto la razón sembró el odio./ No sé si el sonido en nosotros sembró la locura/ pero por cierto la locura sembró el amor.››</p>
<p>Se escribe en clara comunión con la lectura, y uno aporta a lo leído su visión personal, amor o locura, muestra de aquello que considera relevante. El espacio clave en esta línea es Twitter, con sus ciento cuarenta caracteres para decirlo todo, resumir o realzar un motivo. Twitter da buena cuenta de los tiempos que corren, en que las prisas conviven con las exquisiteces, el mensaje inmediato con el papel derivado de la piedra —viento en popa con rachas a estribor a las 23:30 que agitan la navegación sin mayor novedad rumbo noreste—, y un intercambio, a todo esto, constante. En Twitter se opina a la misma velocidad que en la barra de un bar, donde se comparte, se aprueba, se rechaza la información recibida en milésimas de segundo. Apenas da tiempo a la reflexión, a menos que se introduzca hábilmente en la charla, y no da tiempo porque, como en el bar, pero también en el mar —viento a estribor a las 00:10, golpe de timón para no perder rumbo—, una respuesta lenta puede ser nula.</p>
<p>Esta inmediatez es lo que da valor a Twitter, saber lo que está pasando, lo que se cuece a cada momento, con excitación venal incluida en los temas más cercanos, un aspecto que lo hace a todas luces atractivo. ‹‹No sé cuál es la relación entre el amor y el odio —continúa Tomás Browne—./ ¿Que el amor ama al odio o el odio odia al amor/ o el amor odia al odio y el odio ama al amor?/ Pero por cierto la razón es enemiga de la locura.›› Twitter ha logrado meterse en la prensa escrita, donde se destacan los tuits de la jornada anterior, y ser incluso la prensa, en una sociedad donde la noticia puede más que su análisis, causas y consecuencias. Ya los traerá Twitter en la próxima noticia —rumbo enderezado a las 00:25, viento en popa dirección noreste.</p>
<p>Para las notas en el cuaderno de bitácora basta con un trazo grueso, a tinta o grafito, da igual, pero la libreta de papel derivado de la piedra, con su aspecto cuidado, exige un trazo fino, la coma bien puesta en una frase a poder ser ingeniosa, que deslumbre al hipotético lector. ¿Y si a las 00:55 hay naufragio? Que el equipo de rescate encuentre la libreta en alta mar y pueda descifrar la última nota —viento revirado a las 00:30, posición incorrecta, agua en proa— en que el navegante anunciaba su deriva. ‹‹No sé si la música de las esferas tiene la culpa del odio(…)/ pero por cierto la locura sembró el amor y les damos perdón [a los dioses]/ para cantarlos con el sonido en nosotros.››</p>
<p>Las nuevas tecnologías, más escuetas que los cuadernos de bitácora, pero no menos sofisticadas que el papel derivado de la piedra, empiezan a ganarse un lugar en la literatura contemporánea, con una presencia indirecta, en primer lugar, y como eje de la narración en los casos más excepcionales. Una novela a base de tuits, por ejemplo, tiene que ser una revolución, el no-va-más literario, pero ya no tanto un relato. La inclusión de estos lenguajes, aparte de reflejar la realidad, apela también a la constante renovación del habla y al punto sexy que toda literatura requiere, al que se refería la editora Silvia Querini en una reciente entrevista. ‹‹No es tanto una cuestión de que el libro valga un euro más o un euro menos —decía—, sino de que lo que está allí sea sexy, que la gente lo quiera comprar. Cuando alguien quiere algo, en Occidente, lo compra. No se trata tanto de abaratar el precio del libro, para entendernos, cuanto de que sea deseable el objeto.›› En el caso de las nuevas tecnologías, sin embargo, ¿lo suyo sería llevar su lenguaje a la literatura o que ésta llegara al lector a través de ellas? Que se encuentren a mitad de camino, claro, ya que en estas dicotomías, en estos debates de dos, escritor y lector, barco y puerto, emisor y receptor, el peligro siempre está en que uno de los dos (si no los dos) sea montaña y adquiera la posición inmóvil.</p>
<p>‹‹Creer en el acto de Dios no sería creer en su semen —escribe Tomás Browne—/ que es los astros que fueron, que son y serán/ porque existe la distancia infinita entre Dios y el cielo/ porque el infinito es redundante.››</p>
<p>Muchos achacan a la industria editorial cierta inmovilidad en este aspecto, una situación que, de ser así, no lo sería tanto por negación de mercado como por dificultad de respuesta ante la naturaleza cambiante de las nuevas tecnologías. Al fin y al cabo, los libros suelen estar disponibles en digital o bien pueden adquirirse a través de Internet —viento racheado a las 00:40, cada vez más fuerte, de estribor a babor—. Los vientos en la red son a menudo tan cambiantes, tan difíciles de prever, que el elemento sexy, ese papel derivado de la piedra, por ejemplo, tiene mayor notoriedad en el libro impreso, aunque su difusión se apoye en la red. Una buena libreta, buena prosa, buen papel y buena imagen para la portada. ‹‹La portada es fundamental —decía Querini—. Sobre todo, si el autor no es conocido. Hay que prestarle mucho más cuidado a la portada de un primer libro que a la de un autor conocido.››</p>
<p>El elemento sexy se encuentra a veces en el propio autor, por ser atractivo, buen navegante o un iluminado. ‹‹Creer en la completa y verdadera oscuridad/ sería creer en la potencia de una germinación/ que se consume en un instante.›› Algunos autores gozan de este perfil, y su figura mantiene el lado sexy aun al paso de los años, después de su muerte. Otros nunca lo alcanzan, y otros tantos, paradójicamente, lo adquieren a su muerte. Julio Cortázar, Clarice Lispector o Georges Perec son autores que gozan del aura positiva, más importante que tal o cual material; son la piedra en sí, se diría, al igual que Andrea Jeftanovic o Tomás Browne. Pero la lectura, como decía Querini, tiene que reivindicar el lado sexy por sí misma, por lo que aporta y genera y descoloca, como un vendaval. ¿Y la mejor hora para leer? ‹‹La mejor hora no la sé —dijo Querini—. El mejor momento es después de haber hecho bien el amor.›› Después de la tormenta, por tanto, cuando ya pasó el vendaval y este navegante, cuaderno de bitácora en mano, recupera el rumbo noreste —estabilidad recuperada a las 01:45, drena el agua de la embarcación, requiero cambio de turno—. Este navegante, sin embargo, prefiere dormir después de la tormenta y leer en el desayuno.</p>
<p>Escrito por&nbsp;<strong>Juan Bautista Durán</strong></p>
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