<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Editorial Comba | </title>
	<atom:link href="https://editorialcomba.com/tag/tango/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://editorialcomba.com</link>
	<description>Editorial independiente de letras hispánicas</description>
	<lastBuildDate>Fri, 28 Feb 2025 09:51:56 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=6.9.4</generator>

<image>
	<url>https://editorialcomba.com/wp-content/uploads/2014/02/cropped-logo_c_comba-32x32.png</url>
	<title>Editorial Comba | </title>
	<link>https://editorialcomba.com</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>Amistad y cambalache</title>
		<link>https://editorialcomba.com/blog/amistad-y-cambalache/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan Bautista Duran]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 28 Feb 2025 09:26:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[al compas]]></category>
		<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[Barcelona]]></category>
		<category><![CDATA[Borges]]></category>
		<category><![CDATA[Constanza Ternicier]]></category>
		<category><![CDATA[Discépolo]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Bautista Durán]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Manuel Zurita]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Santiago de Chile]]></category>
		<category><![CDATA[Sumo]]></category>
		<category><![CDATA[tango]]></category>
		<category><![CDATA[The Verve]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://editorialcomba.com/blog/la-importancia-de-la-literatura-copy/</guid>

					<description><![CDATA[Tras su aplaudida incursión en las miserias provincianas realizada en "Arauco" (Comba, 2022), Zurita se encomienda ahora al espíritu tanguero para proponer al lector un baile a dos tiempos, entre Santiago de Chile y Barcelona, un baile que rezuma por igual amor a la literatura y a la música, y en el cual se gesta una afrenta. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p></p>



<p>Por Juan Bautista Durán</p>



<p></p>



<p>Ante la avalancha que nos viene cercando e ignoramos de qué atropellos será capaz, Juan Manuel Zurita (Chile, 1978) osa hablarnos en su nueva novela de una infamia particular. Y casi atemporal. Una infamia con aroma a tango viejo y tonadilla no por trillada menos certera. «Soy alumno de Enrique Santos Discépolo —dice, fiel admirador del compositor de tangos—, vengo de esta escuela emocional.»</p>



<p>Tras su aplaudida incursión en las miserias provincianas realizada en <em>Arauco</em> (Comba, 2022), se encomienda ahora al espíritu tanguero para proponer al lector un baile a dos tiempos, entre Santiago de Chile y Barcelona, un baile que rezuma por igual amor a la literatura y a la música, y en cuyo entrevero se gesta una afrenta. Lo intuimos a cada paso, adelante o atrás, agarre de cintura o prudente distanciamiento corporal, en la trabada amistad que mantienen los dos protagonistas, estudiantes chilenos de letras en Barcelona.</p>



<p>La primera frase del libro da buena cuenta del compás que ha de llevar el baile: «Sostengo con absoluta seguridad que, a pesar de todo el esfuerzo por parecer lo contrario, Juan José Gatica fue un tipo feliz.» Lo dice Andrés, con un barroquismo desenfadado que es epítome de su complejo carácter y de su amistad con Gatica, también llamado Juanjo.</p>



<p><em>This is Music o Historia particular de un infame</em> es ante todo una novela sobre la amistad, tal cual destacó el autor en la presentación. Fue un sábado a la hora del vermut en la librería Documenta, una presentación que lo mismo podríamos haber celebrado en la puerta de embarque de un vuelo Barcelona–Santiago de Chile. La cuestión era presentarlo antes de su partida, porque Juan Manuel, como integrante casi del baile que lleva a cabo en la novela, cierra este febrero una larga, larguísima etapa barcelonesa. Más de diez años en la capital catalana, más autóctono ya que otros de apellido local que sacan pecho al pronunciar su nombre. Esto se aprecia en la naturalidad con que sus personajes callejean por el Ensanche o por el Raval, con que nombran la ciudad y la frecuentan, dejan que haga su voluntad con ellos y los pierda y los ordene y los vuelva a encontrar, bien sea en una terraza, bien en una canción o en una cita de Borges. Algo similar sucede con Santiago, pero esta crónica está escrita del lado de acá, desde la propia librería Documenta, en un sábado invernal afectado de primavera.</p>



<p>Una cuarentena de personas acogía en semicírculo a los ponentes, es decir, al propio autor y a la presentadora, la profesora y también escritora Constanza Ternicier. A un lado quedaba el editor, quien suscribe estas líneas, sombra orgullosa de la obra y partícipe en su discreta medida. No es un papel simple el del editor en estos casos, ya que es artífice de la publicación y tomar la voz resultaría por ello redundante, un redoble de tambores neutralizado en sí mismo. Claro que, después del autor, es quien más sabe de la obra. Y por eso, como aquél, el editor siente curiosidad y quiere saber a través de la percepción de los lectores.</p>



<p>En un momento dado Constanza dijo: «Eso habría que preguntárselo al editor, que está ahí… parece que despistado.» Nada más lejos de la realidad. El editor estaba lápiz en mano, tomando nota de las valiosas aportaciones de la presentadora y de las no menos oportunas respuestas del autor. «¿Escribe uno para pertenecer a algo?», preguntó ella, a lo que Juan Manuel nos brindó una respuesta olímpica, de las que quedan en la memoria de la gente: «Escribí <em>Arauco</em> en recuerdo de mi padre, un homenaje que le dediqué, y esta novela es un homenaje a mí mismo.» Borges, en su pose afrancesada, habría definido esta salida como una <em>boutade</em>. Necesaria, por lo demás; uno no puede ser sincero cuando le preguntan en público si a lo que viene dedicando los últimos años de su vida no es sino un esfuerzo, una voluntad de pertenencia. Lo es y no lo es. La escritura, que suele nacer de un desencanto íntimo, personal, contiene a su vez una paradoja difícil de calibrar: requiere de una distancia social que a su conclusión no tiene por qué verse superada, sino todo lo contrario. Y así uno sigue escribiendo. ¿Es por voluntad de pertenencia? Es por oficio, en el mejor de los casos, por ese deseo de ser sujeto y verbo a la vez, de sentirse colmado en la palabra y en los actos de cada personaje.&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>«No siempre somos buenos», dijo Juan Manuel. Y de la asunción de esta contrariedad, acaso flaqueza, nace o puede nacer el impulso literario. La infamia que tiene lugar en <em>This is Music</em> da buena cuenta de ello, en un juego —baile— que como bien dijo Constanza alude asimismo a la idea del doble, a las dos caras de la misma moneda que, pese a su oposición, deben convivir la una con la otra. Es también un conflicto de clases, con sus envidias y sus resquemores, un conflicto que tiene su eco tanto en el lado de allá como en el de acá, si bien los términos son distintos y puede quedar disimulado en las canciones. Que Juanjo y Andrés tarareen los mismos temas no significa que compartan los mismo motivos y quebraderos de cabeza. Juanjo es un pijo diletante; Andrés, un romántico resentido y con aspiraciones literarias. Los une sin embargo la pasión por bandas como The Verve, Sumo o The Cure, cuyos temas resuenan entre líneas y apoyan el intenso ritmo de la novela. </p>



<p>Toda frase de Juan Manuel es intencionada y se hilvana con fuerza con la siguiente, en una viva concatenación que ya se apreciaba en <em>Arauco</em> y a la que ahora añade, en palabras de Constanza, una mayor variedad de registros. Lo mismo que en algunos pasajes se acerca al género policial, en otros toma un aire de novela de campus, se entrega a profundas conversaciones o acude a un tono periodístico…, una variedad fruto de la larga cocción de la novela y que hace bueno el verso de Discépolo en ‘Cambalache’: «Todo es igual, nada es mejor.» Así Juan Manuel, que tiene justificadas aspiraciones de gran profesor, ha volcado en <em>This is Music o Historia particular de un infame</em> unos conocimientos musicales, literarios y sobre todo humanos, sociológicos, que van de la calle a las aulas y a la inversa, y en los cuales se distinguen las trazas de los cambalaches en que la vida se ha mezclado.</p>



<p></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Emisiones literarias</title>
		<link>https://editorialcomba.com/blog/emisiones-literarias/</link>
					<comments>https://editorialcomba.com/blog/emisiones-literarias/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan Bautista Duran]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 21 Jun 2017 14:32:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[al compas]]></category>
		<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[ball boy]]></category>
		<category><![CDATA[caetano veloso]]></category>
		<category><![CDATA[Casa de América de Catalunya]]></category>
		<category><![CDATA[emisiones otacústicas]]></category>
		<category><![CDATA[Fade Out]]></category>
		<category><![CDATA[Los impecables]]></category>
		<category><![CDATA[Los Rodríguez]]></category>
		<category><![CDATA[nouvelle]]></category>
		<category><![CDATA[Semana Negra de Gijón]]></category>
		<category><![CDATA[Sex Pistols]]></category>
		<category><![CDATA[tango]]></category>
		<category><![CDATA[Tatiana Goransky]]></category>
		<category><![CDATA[Van Morrison]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://www.editorialcomba.com/?p=1812</guid>

					<description><![CDATA[De visita en Barcelona con motivo del día del libro, Tatiana Goransky (Buenos Aires, 1974) vivió su primer Sant Jordi a punto de cumplirse un año de la publicación de Los impecables (Editorial Comba, 2016). La presente charla no debe resultar indiscreta teniendo en cuenta que uno es su editor en España, sino todo lo contrario. La obra de Goransky persigue a través de las obsesiones de sus personajes la idea de perfección, y no es sino esto lo que todo editor pequeño ansía al armar un catálogo. El impecable destino de convertirse en algo parecido a un personaje de Goransky está presente en la aventura literaria, esa voluntad de ser, para lo bueno y para lo malo, el mejor.
Hay música de fondo a lo largo de la charla, una playlist difícil de distinguir si no es a través de la memoria, temas de Van Morrison, Sex Pistols o Los Rodríguez que nos ponen ante su próxima publicación, Fade out, recibida con gran entusiasmo en Argentina y pronto en las librerías españolas. En ella narra la vida de tres generaciones de mujeres que emiten música por los oídos, lo que se da en llamar «emisiones otacústicas» y que en su caso, lejos de tratarse de meros pitidos, se convierte en una auténtica banda sonora. «Y de hecho existe —afirma Goransky—, se creó una banda sonora basada en la novela y quienes se hagan con la edición española podrán acceder a ella.» La playlist incluye temas de los grupos más variopintos, desde los ya mencionados a Caetano Veloso o Loquillo, pasando por los Bee Gees y tangos de toda índole. Hay menos presencia jazzística, sin embargo, y eso a pesar de que Goransky es conocida por su doble faceta de escritora y cantante de jazz.						]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a class="no-eff img-link lightbox" href="https://www.editorialcomba.com/emisiones-literarias/perfil-goransky-por-alejandro-meter/" rel="attachment wp-att-1813"> </a></p>
<p><strong>Juan Bautista Durán</strong></p>
<p>De visita en Barcelona con motivo del día del libro, Tatiana Goransky (Buenos Aires, 1974) vivió su primer Sant Jordi a punto de cumplirse un año de la publicación de <em>Los impecables</em> (Editorial Comba, 2016). La presente charla no debe resultar indiscreta teniendo en cuenta que uno es su editor en España, sino todo lo contrario. La obra de Goransky persigue a través de las obsesiones de sus personajes la idea de perfección, y no es sino esto lo que todo editor pequeño ansía al armar un catálogo. El impecable destino de convertirse en algo parecido a un personaje de Goransky está presente en la aventura literaria, esa voluntad de ser, para lo bueno y para lo malo, el mejor.</p>
<p>Hay música de fondo a lo largo de la charla, una <em>playlist</em> difícil de distinguir si no es a través de la memoria, temas de Van Morrison, Sex Pistols o Los Rodríguez que nos ponen ante su próxima publicación, <em>Fade out</em>, recibida con gran entusiasmo en Argentina y pronto en las librerías españolas. En ella narra la vida de tres generaciones de mujeres que emiten música por los oídos, lo que se da en llamar «emisiones otacústicas» y que en su caso, lejos de tratarse de meros pitidos, se convierte en una auténtica banda sonora. «Y de hecho existe —afirma Goransky—, se creó una banda sonora basada en la novela y quienes se hagan con la edición española podrán acceder a ella.» La playlist incluye temas de los grupos más variopintos, desde los ya mencionados a Caetano Veloso o Loquillo, pasando por los Bee Gees y tangos de toda índole. Hay menos presencia jazzística, sin embargo, y eso a pesar de que Goransky es conocida por su doble faceta de escritora y cantante de jazz.</p>
<p>¿Cómo combinas esas dos profesiones? «Soy una persona muy social —asegura—, me gusta el contacto con la gente, sentirme arropada en el escenario ante decenas de personas, para luego recluirme días enteros, centrada tanto en los ensayos como en la escritura.» Este ritmo de vida a lo mejor tiene que ver con la extensión de sus obras, fijas en la media distancia, a la manera de César Aira, por ejemplo, la llamada <em>nouvelle</em>. «Es el formato en que más a gusto me siento. Yo no escribo cuentos. <em>Ball boy</em> no es un cuento. Y para escribir una novela larga hay que tener mucho que decir. Tampoco soy lectora de grandes novelas, sólo en casos muy particulares.» Su novela más extensa es <em>Don del agua</em>, incluida en España junto con <em>Ball boy</em> en <em>Los impecables</em>, una novela de investigación que tanto la crítica argentina como la española recibieron con alabanzas. «Atravesada no sólo por la tragedia, sino por una serie de lenguajes y discursos que la agrandan y la convierten en una historia emocionante» (Radar). «Una novela fluida con elementos del fantástico que entreteje con morosa sabiduría varios registros discursivos para desgranar la historia de una saga maldita» (El Mundo)</p>
<p>Goransky incide en la tragedia incluso cuando se asoma al género negro —<em>¿Quién mató a la cantante de jazz?</em> (2008)— dada su formación en dramaturgia, un rasgo que se percibe en toda su obra. De ahí también su apego a la media distancia. «Es la extensión a la que mejor se adapta; no me atrevería a exigir la atención del lector durante más de ciento cincuenta páginas.» Ésa es la de <em>Don del agua</em>, una novela que parte de los apuntes de una periodista, Luisa Blumes, acerca de una familia de rabdomantes que se adentran en la peligrosidad de las aguas y en ello arrastran a su tripulación. La multiplicidad de voces es notable, y entre las de a bordo se entrevera la de Luisa Blumes, sin cuya intervención, destaca Goransky en la entradilla, «este libro no existiría». Un juego similar se establece en <em>Fade out</em>, donde un negro literario se ocupa de investigar y compilar la información acerca de las tres generaciones de mujeres.</p>
<p>¿En qué medida Luisa Blumes o el negro literario son los autores de sendos títulos? «En el caso de <em>Fade out </em>lo curioso es que estamos ante un libro que, si por el negro literario fuera, no existiría; y en Don del agua quise crear un marco coral, porque de otro modo, sin Luisa Blumes, la tragedia no se podría cerrar.» Se trata de un libro de aventuras a lo Julio Verne o Joseph Conrad, con un ritmo propio, el de alta mar, que se lleva las palabras del capitán y su tripulación mezcladas con las de Luisa Blumes. «Sus muecas cambian de avergonzadas a reflexivas», describe la periodista. Pero ¿cuántas muecas cabrán en una travesía oceánica? Serán muchas; y muy distintas desde luego a las que se dan en Ball boy, texto de un ritmo vertiginoso, próximo al de un partido de tenis, en que Goransky se centró en la figura de un recogepelotas obsesionado con ser el mejor y asistir a Roger Federer en su primer triunfo en Roland Garros. Para ello, el protagonista debe competir con sus compañeros y con sus propias adversidades, la mayor parte de ellas fruto de sus rarezas.</p>
<p>Las obsesiones y el modo en que ciertos rasgos pasan de generación en generación son un motivo recurrente en la narrativa de Goransky, así como la posibilidad de que los dones se conviertan en una condena. «A mí me pasó de entender desde muy chica que la memoria del cuerpo es la memoria esencial; el cuerpo para mí está relacionado con la escritura.» Y remacha: «La literatura sin cuerpo no existe.» Para la escritura de Ball boy se encerró a ver partidos de tenis, y no hay ahí otra música que el peloteo de un lado para otro de la cancha, junto con la respiración de los tenistas. «Me preguntan si escribo con música, o con cuál escribo, y eso depende, eso va en función del tempo que quiera darle a la narración», asegura Goransky, mujer intensa e inquieta, de vuelta este mes de julio en España. Acudirá con Fade out a la Semana Negra de Gijón y el día 13 lo presentará en la Casa de América de Catalunya.</p>
<p>Para ella, suelta en un aparte, en una especie de <em>fade off</em>, la disciplina del deportista es también la del escritor, salvo que la literatura no puede ser resultadista.</p>
<p>© de la fotografía: Alejandro Meter</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://editorialcomba.com/blog/emisiones-literarias/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
