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	<title>Editorial Comba | </title>
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	<description>Editorial independiente de letras hispánicas</description>
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	<title>Editorial Comba | </title>
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		<title>Sinestesias</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Juan Bautista Duran]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 19 Jan 2023 20:49:49 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Empieza el año con prisas renovadas, como todos los años, que traen más de lo mismo salvo que de distinto color. Algunos de Comba nos juntamos para darle la bienvenida en torno a una sinestesia, fiesta clásica, con música y comida y un puñado de figuras retóricas que a saber dónde quedaron.]]></description>
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<p></p>



<p>Por Juan Bautista Durán</p>



<p></p>



<p class="has-text-align-right">«Las fechas son los hitos de la rutina.» Carmen Martín Gaite, <em>El cuarto de atrás</em></p>



<p></p>



<p>Empieza el año con prisas renovadas, como todos los años, que traen más de lo mismo salvo que de distinto color. Algunos de Comba nos juntamos para darle la bienvenida en torno a una sinestesia, fiesta clásica, con música y comida y un puñado de figuras retóricas que a saber dónde quedaron. Hubo poesía, eso sí, y fútbol y alcohol, y algún disparate que ahora nos sonrojaría. Poco más, que tampoco es cuestión de abusar de una noche tan señalada. Algunos la temen, no sin razón. No se puede uno retirar y empezar a leer una novela, sin más, al margen del ruido y las celebraciones ajenas, pues corre el riesgo de ser víctima de ellas, del frenesí y la algarabía que suele traer consigo el paso de un año al otro, lo que por estos pagos se conoce, empleando otra figura retórica, como Nochevieja.</p>



<p>«Hey, poetas, ¿qué sinestesia se os ocurre con <em>Nochevieja</em>?» Uno dijo que le erizaba la piel, otro habló de una fiesta burbujeante y por último hubo una poeta, más animada ella, que reconoció «sentimientos de rosada juventud» en Nochevieja. Es difícil ser lúcido cuando uno está dentro de la sinestesia misma, cuando uno, estando sinestésico, pretende demostrarlo y se da la vuelta a sí mismo; entra entonces en la realidad más racional y se sale de la alteración que pretende poner en evidencia.</p>



<p>Para mí hay una situación sinestésica bastante común, en la que abundo sin intención, al desdoblarme en la primera y la tercera persona del singular y convocar sensaciones encontradas. Es la indecisión también, clave para confundir las voces y los sentidos y propiciar esa sinestesia en la cual lo que <em>yo</em> veo genera una reacción en <em>él</em>. Así se escriben muchas páginas. Así trata uno de probar la veracidad, por no decir la fuerza, de sus ideas y de las palabras que emplea.</p>



<p>«¿Qué porcentaje de libros de los que tenéis en vuestras bibliotecas habéis leído?», preguntaron en la cena. Y uno, imbuido del ambiente de Nochevieja, de esa especie de magia que suelen traer los años y que al fin dura lo que dura, unas horas, días como mucho, respondió por mediación de <em>él</em>. «Cerca de un sesenta por ciento», dijo. Luego en casa, ya descansado, habría de ver los muchos libros pendientes de leer, los que se quedaron ahí, a la espera, junto a los que dejó a medias y los que, como luces chillonas, figuran como leídos y releídos y da la impresión de que en su lectura incluyan todos los que no vamos a leer.</p>



<p>Un sesenta por ciento… ¡Más quisiera! La barriga me dio una punzada al decirlo, como increpándome «eso no cuela, bribón, vuelve a la realidad». Lo cierto es que fastidia no alcanzar a leer todo lo que uno quisiera —ni de lejos, imposible—, aunque peor es no recordar las lecturas, o no recordarlas bien, cuando menos, apenas una vaga y escurridiza idea. Se mezclan unas con otras y se agitan con esa misma punzada que me dio la barriga. En muchos casos, sólo al releer y añadir pausa a sus páginas, a su peripecia narrativa, tengo verdadera conciencia de haber leído tal o cual título. Carmen Martín Gaite decía que uno podía ponerse a leer de dos maneras, serena o impaciente, y que en casi todo sucedía lo mismo. En las relaciones personajes, en el trabajo, en las celebraciones, etcétera. Hacerlo de forma serena, decía, implica entrar en un libro «dispuestos a que nos cuente lo que buenamente quiera; no le forzamos a que él entre en nosotros y acierte en el resquicio exacto por donde puede inyectarnos consuelo».</p>



<p>A esa idea dedicó la autora salmantina buena parte de su obra, concentrada acaso, de forma intrigante y persuasiva, en la novela <em>El cuarto de atrás</em>, título cuya luminosidad literaria se trasluce a través de un cuarto oscuro y del cual vine a acordarme en esta entrada de año. «Las palabras son para la luz —escribe—, de noche se fugan.» Ay… Y si en Nochevieja una palabra se da a la fuga y no vuelve, ahí sí la podemos dar por perdida, perteneciente al pasado, al año que fue.</p>



<p>De vuelta a casa la noche es oscura pero ya no tan alta. Tras ella se adivina la aurora, que es también el año nuevo, y anda uno cansado y sinestésico, sin ganas siquiera de llenar esas cuartetas mentales en las que a veces entretenemos la mente, a falta —dígalo usted, Carmiña—: de mejor interlocutor, de un oído atento que sepa recibir y rebatir nuestras inquietudes. El año nuevo habrá de colorearlas, con su capacidad para generar algo parecido a la esperanza, nada más que eso, vana ilusión que nos permita acceder mejor a los cuentos y ser <em>él</em> y <em>yo</em> a la vez, y brindar, otro día, por una sinestesia sonora antes que por una fecha.</p>
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		<title>Entre la perdiz y su canto</title>
		<link>https://editorialcomba.com/blog/entre-la-perdiz-y-su-canto/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Juan Bautista Duran]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 21 Mar 2018 11:54:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[al compas]]></category>
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					<description><![CDATA[A Miguel Herranz se lo conoce mayormente como Miki Naranja, nombre con el que ganó eco en las redes gracias a su blog ‘Palabras de perdiz’ y la cuenta de Instagram asociada. La cantidad de seguidores que acumula, para un editor de la era Gutenberg, anclado todavía en las resmas de papel, es un fenómeno inaudito y casi de ciencia ficción. Podría ser el sueño de los androides. Pero es tan real como que la poesía, mejor que otros géneros literarios, se abre camino a través de los nuevos formatos en pos de una nueva llama literaria, bien sea en verso o en prosa, las más de las veces en sintonía con la imagen. «Amo la palabra porque/ será munición para mañana», escribe en el poema ‘Recámara’. En muchos de ellos el título no es sólo una orientación sino parte del mismo poema, el verso cero que pone al lector en materia sin tiempo para una posible vacilación. Otro, ‘En teoría’, sigue así: «Todo/ es práctica.» Pequeños aforismos que se entreveran con poemas de mayor alcance, tales como ‘Declaración de intenciones’, uno de los más destacados, ‘Sonrío’, ‘Cuestión de principios’ u ‘Orden alfabético’.]]></description>
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<p></p>



<p><strong>Juan Bautista Durán</strong></p>



<p></p>


<p>A Miguel Herranz se lo conoce mayormente como Miki Naranja, nombre con el que ganó eco en las redes gracias a su blog ‘Palabras de perdiz’ y la cuenta de Instagram asociada. La cantidad de seguidores que acumula, para un editor de la era Gutenberg, anclado todavía en las resmas de papel, es un fenómeno inaudito y casi de ciencia ficción. Podría ser el sueño de los androides. Pero es tan real como que la poesía, mejor que otros géneros literarios, se abre camino a través de los nuevos formatos en pos de una nueva llama literaria, bien sea en verso o en prosa, las más de las veces en sintonía con la imagen. «Amo la palabra porque/ será munición para mañana», escribe en el poema ‘Recámara’. En muchos de ellos el título no es sólo una orientación sino parte del mismo poema, el verso cero que pone al lector en materia sin tiempo para una posible vacilación. Otro, ‘En teoría’, sigue así: «Todo/ es práctica.» Pequeños aforismos que se entreveran con poemas de mayor alcance, tales como ‘Declaración de intenciones’, uno de los más destacados, ‘Sonrío’, ‘Cuestión de principios’ u ‘Orden alfabético’.</p>
<p>Pero si en teoría, dice, todo es práctica, ¿en la práctica qué tal va el asunto? «Es como la teoría un par de tonos más abajo —responde Miguel—. Es, digamos, como el coche del anuncio pero el más mondo de la gama.» Para sus lectores el salto a la edición en papel fue una noticia casi esperada, la puesta en práctica de un proceso que sobrepasaba desde hacía tiempo la mera teoría. El libro, de hecho, recibe el mismo título que el blog, Palabras de perdiz. «Es un camino largo, publicar es difícil —asegura—; hacerlo al menos como yo quería. A pesar de llevar años escribiendo, acabo de llegar al oficio. Y creo que con cuidado, paciencia y algo de suerte, he tenido la fortuna de dar con una editorial que entendió el propósito de mi poesía y lo ha hecho suyo.» Al publicar durante tanto tiempo en las redes, ¿te sentiste vulnerable en algún momento ante lo que podría ser una falta de control sobre el material publicado? «Sí; a la hora de llegar a los lectores me sirvo de cal y de arena. Me explico: uso la arena como reclamo y trato de atraer la curiosidad del visitante hacia la cal. Quien me lea con asiduidad sabrá a lo que me refiero. Puede que se me acuse de no cuidar el poema como sin duda merece, lo que es muy relativo. Las plumas de faisán sólo coronan el sombrero.»</p>
<p>En la solapa del libro dice Miguel Herranz que es poeta y funcionario público, nacido en «la tierra de Delibes y Chacel». ¿Qué le debe tu poesía a esas dos grandes figuras de las letras españolas? ¿Y al paisaje vallisoletano? «Les debo mucho. Delibes me enseñó a leer, sus libros andaban en mi casa por cualquier esquina. Además del amor por la palabra, me inoculó la veneración al entorno natural, algo que está presente en toda mi poética. La meseta castellana no es precisamente un vergel y precisa de un ojo y oído atentos para ir descubriendo a sus estoicos pobladores. A Rosa llegué más tarde, en cambio, y de ella aprendí el preciosismo en el poema. Deduje con ella que la ocurrencia sin trabajo sirve para poco.» Miguel celebra la belleza, y sobre todo, más que su presencia en sí, la búsqueda que lleva a cabo el poeta hasta dar con ella. En cualquier parte se puede pronunciar, fiel al cambio continuo que en esencia es la vida. Lo reflejan estos versos de José Emilio Pacheco —«Y sin embargo amo este cambio perpetuo,/ este variar segundo tras segundo,/ porque sin él lo que llamamos vida/ sería de piedra»—, epígrafe al libro. De este cambio Miguel recoge las aristas, los arrabales; trata de «sobrevolar la realidad y dejar que el lector cave su propia fosa». ¿Y a qué cambio iniciático te remites, cuál sería tu magdalena proustiana? «Creo que al canto de la perdiz, si es que a eso se le puede llamar canto. Y la coincidencia es pura. Basta que escuche el parloteo de una perdiz para que una mano me arranque de la realidad y me arrastre a mi pasado.»</p>
<p>La familia está muy presente en el poemario, y con ella, el hogar, dos elementos que junto a las aves forman el corpus de una propuesta que se sale de las redes para transformarse en levadura y crecer en las manos de los lectores. Hijos, padres, madres, abuelos…, todos cobran presencia en unas páginas no exentas de un fino humor. «Pasarán los ojos de mis hijos/ de perlas a ríos», dicen los primeros versos de ‘Pingelab’, que concluye: «Pasarán los ojos de mis hijos/ por muchos ojos/ antes de poder mirar/ como hoy/ les miro». Y encontramos también, respecto al hogar, su necesaria relación con el imperio íntimo «donde mi voz/ se escucha pero/ no se oye». ¿Ayuda la poesía a ser un buen padre? «No, no lo creo —responde Miguel—. De hecho, no sé cuáles son las cualidades que ha de tener un buen padre. Podría perfectamente hacer calderas, muros o relojes, que el empeño y desempeño paternal sería el mismo.» En la familia, dice, está para él la última ratio del poema, empleando sus propias palabras, un sustento que no obstante podría hallar igual en la administración pues ambos ejes, poesía y administración o poesía y familia, asegura, son dos caras de la misma moneda. «La belleza es una cuestión de perspectiva.»</p>
<p>No cabe duda de que la belleza está presente en este poemario, tanto en la palabra como en las ilustraciones de Taquen, joven artista plástico e ilustrador que complementa el verso con una quincena de aves —la que ilustra este artículo, por ejemplo—, perfecto reflejo de la exploración propuesta por Miguel Herranz. «Sacude tus afectos/ periódicamente», escribe, porque entre la perdiz y su canto todo cabe y vuela. Pone de manifiesto, además, en su transformación por llevar la palabra al lector, la naturaleza última de la poesía. «Todos somos ‘poetas de transición’:/ la poesía jamás se queda inmóvil» (José Emilio Pacheco, ‘Manifiesto’).</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>La poesía no se vende</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Juan Bautista Duran]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 31 Aug 2017 18:48:09 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Contra lo que algunos pensarán, el título de este artículo no se refiere a que la poesía no tenga lectores ni a que éstos se dediquen a robarla. Que hubo tiempos mejores para la poesía, eso está de más decirlo, pero sus lectores suelen ser más fieles que los de otros géneros, en el sentido de que acuden con regularidad a la mesa de poesía de las librerías y se atreven, buscan, están atentos a las nuevas voces que van surgiendo, no pocas de ellas para quedarse. Editoriales como Valparaíso o La Bella Varsovia, entre otras, propician que haya este movimiento, al margen de las consabidas Hiperión o Visor, que mantienen su labor tanto en el catálogo de fondo como en los premios para el fomento de nuevas voces.
Así dicho, la poesía se vende; menos de lo que las partes involucradas quisieran, con probabilidad, pero se vende. Se celebran festivales, también, se celebra todo tipo de eventos en pos de la poesía, que no obstante quedan en entredicho al no estar muy claro cuanto hay en ellos de trigo limpio. Es el juego de la cultura, que en este país primero se llama picaresca y luego ya se verá qué hay de las letras, las artes pictóricas, cinematográficas o musicales. Que vivir es devorar tiempo, dijo Juan de Mairena: esperar; y que hayamos de esperar a que se fría un huevo, se abra una puerta o madure un pepino, es algo, señores, que merece nuestra reflexión. Más aún si quien espera es un sufrido hombre de letras (o mujer, y de cualquier otro registro artístico) para que lean sus versos y los valoren y les den una oportunidad.						]]></description>
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<p></p>


<p><strong>Juan Bautista Durán</strong><a class="no-eff img-link lightbox" href="https://www.editorialcomba.com/la-poesia-no-se-vende/blog-1452256454-3/" rel="attachment wp-att-1852">&nbsp;</a></p>
<p>Contra lo que algunos pensarán, el título de este artículo no se refiere a que la poesía no tenga lectores ni a que éstos se dediquen a robarla. Que hubo tiempos mejores para la poesía, eso está de más decirlo, pero sus lectores suelen ser más fieles que los de otros géneros, en el sentido de que acuden con regularidad a la mesa de poesía de las librerías y se atreven, buscan, están atentos a las nuevas voces que van surgiendo, no pocas de ellas para quedarse. Editoriales como Valparaíso o La Bella Varsovia, entre otras, propician que haya este movimiento, al margen de las consabidas Hiperión o Visor, que mantienen su labor tanto en el catálogo de fondo como en los premios para el fomento de nuevas voces.</p>
<p>Así dicho, la poesía se vende; menos de lo que las partes involucradas quisieran, con probabilidad, pero se vende. Se celebran festivales, también, se celebra todo tipo de eventos en pos de la poesía, que no obstante quedan en entredicho al no estar muy claro cuanto hay en ellos de trigo limpio. Es el juego de la cultura, que en este país primero se llama picaresca y luego ya se verá qué hay de las letras, las artes pictóricas, cinematográficas o musicales. Que vivir es devorar tiempo, dijo Juan de Mairena: esperar; y que hayamos de esperar a que se fría un huevo, se abra una puerta o madure un pepino, es algo, señores, que merece nuestra reflexión. Más aún si quien espera es un sufrido hombre de letras (o mujer, y de cualquier otro registro artístico) para que lean sus versos y los valoren y les den una oportunidad.</p>
<p>La respuesta del editor puede ser honesta, de un modo cálido o frío, lo mismo da, o a todas luces pícara. Es lo que sucede en el sector de la llamada autoedición, en que los responsables editoriales, además de cobrar por publicar el libro, aseguran al autor que su obra se distribuirá en todas las librerías del país. Como mucho entrará en la base de datos de algunos grandes puntos de venta, bastante desbordados ya con las novedades que las editoriales clásicas van sacando. Y en ese matiz se escudan los gerentes de la autoedición para mantener su negocio. De sobra saben que los libros autoeditados se mueven entre los familiares y amigos del autor.</p>
<p>La autoedición es la extraña contradicción de una época en que, según los datos, la venta de libros es inferior a la deseada y sin embargo crece el número de personas interesadas en la escritura. ¿Para quién será que escribimos? Muchos premios literarios de carácter municipal ya ni se molestan en ofrecer al ganador la publicación de la obra, sino sólo el pertinente galardón (la mejor manera en que ciertos municipios deciden lavar su imagen en materia cultural).</p>
<p>En Madrid se celebra este otoño la segunda edición de un festival de poesía internacional, cuyo objetivo consiste en «establecer contactos entre poetas y lectores, para crear diálogos en que las letras sean vehículo de reflexión, amistad y solidaridad». El festival cuenta con el apoyo de varias instituciones de la ciudad, tales como la Universidad Complutense, la Casa de América, el Instituto Cervantes o el Círculo de Bellas Artes, por citar las de mayor postín, garantía por tanto de rigor y de la presencia de renombrados poetas. Siendo un festival internacional en letras hispánicas, son muchos los que pueden animarse a participar de unas jornadas que se presentan más que interesantes. Se espera incluso que la alcaldesa de Madrid, además de ofrecer el apoyo de la ciudad, pronuncie unas palabras exaltando los valores de la poesía y la fuerza de Madrid como urbe literaria. En este tipo de apariciones es cuando los alcaldes pueden lucirse, ya que la poesía, la música de cámara o la pintura al óleo, gusten más o menos, no molestan a nadie. Y dar un discurso no partidista es una ocasión ideal para llegar a la ciudadanía. Podría citar ahí al propio Juan de Mairena, decir que la poesía es el diálogo del hombre con el tiempo, y que el poeta puro, aquél a quien el festival se propone convocar, es el que logra vaciar el suyo para entendérselas a solas con él. Qué bonito, qué olvidados tenemos a nuestros poetas cuando hablamos de poesía; y más aún, claro, a sus heterónimos. Discípulo de Abel Martín, Juan de Mairena nos viene muy bien todavía para desmontar las patrañas de los tiempos actuales.</p>
<p>El festival cuenta con un espacio web donde se facilita la información pertinente y un contacto para los que quieran participar. Tienen que presentar una biografía y un currículo literarios, además de una muestra de su hacer poético. Con eso uno espera estar postulando a una suerte de beca o ayuda a la creación, y sin embargo lo que hace es entrar en un miserable juego mercantil. «La cuota de participación que debe abonar es de 200 euros —informan a vuelta de correo—. Esto incluye: inclusión en el programa, dos lecturas, participación en la antología del Festival, con derecho a recibir un ejemplar del libro, y comida de clausura.» Más que festival, a eso habría que llamarlo romería, para no faltar a la verdad, y habría que anunciar también los requisitos al completo para no faltar al respeto de quienes se esmeran en trabajar sus versos, sean buenos o malos, y desean un trato serio cuando exponen su obra al jurado de un festival que se escuda tras el nombre de grandes instituciones culturales.</p>
<p>Una vez más la cultura es la picaresca, y quizá convendría que nuestros poetas volvieran a cultivarla; ésta sería la mayor denuncia a unas costumbres que no cambian. ¡Que la poesía no se vende, se compra! Lo dijo Haroldo de Campos, poeta brasileño poco leído por estos pagos.</p>]]></content:encoded>
					
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