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	<title>Editorial Comba | </title>
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	<description>Editorial independiente de letras hispánicas</description>
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	<title>Editorial Comba | </title>
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		<title>Mujer fuerte que trasciende las fronteras</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Juan Bautista Duran]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 27 Mar 2018 17:58:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[al compas]]></category>
		<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[Angie Pagnotta]]></category>
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		<category><![CDATA[Narrativa]]></category>
		<category><![CDATA[Tatiana Goransky]]></category>
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					<description><![CDATA[Tatiana Goransky es una artista fuerte. Y digo artista porque de forma clara, lo es: tras su paso por la Escuela Municipal de Arte Dramático egresó de Dramaturga, es escritora y autora de las novelas Lulúpe María T (Símurg, 2005), ¿Quién mató a la cantante de jazz? (Tantalia, 2008, reeditado en 2013 en Estados Unidos y en 2015 en España); Los Impecables (Comba, 2016) y Fade Out (Comba, 2017). Además, como si fuera poco, es cantante de jazz.
“Hay que tener caos y frenesí en el interior para dar luz a una estrella danzarina’’, dijo alguna vez Friedrich Nietzsche y en cierta medida, ese frenesí se puede ver en los gestos, la mirada y las palabras de Goransky. Tomar un café con ella es entrar en un área de abstracción total donde lo más importante de ese momento es lo que se está conversando, lo que dice y cómo lo dice: con sus manos, con la cadencia de sus palabras, con su pelo ondulado y su sonrisa abrazadora. En el transcurrir de la conversación se deslinda la fuerza de su ser, porque en cada palabra, —con tanta convicción—, es que se refleja esa estrella danzarina de la que habla Nietzsche.
La charla, entonces, comienza con un café en el Bar “La Poesía’’, ubicado en el barrio de San Telmo, en la Ciudad de Buenos Aires y en este instante es que quiero comenzar con un detalle que no puedo evadir:
Una de las primeras cosas que me llamó la atención a la hora de investigarte, fue la pluralidad en la que se apoya tu hacer artístico. Lo noté al encontrarme con una cantidad de registros y temáticas en los que circula tu literatura, tu voz y tus modos de hacer. De hecho, en una entrevista decís que desde chica tuviste que pelear contra el dicho “el que mucho abarca, poco aprieta” y, sin dudas, creo que eso ha quedado demostrado en tu acontecer artístico pero, para establecer un juego, supongamos que hoy —años de experiencia más tarde— tuvieras que volver atrás y hablarle a la Tatiana de hace 20 años ¿Le dirías que se enfoque más alguna área o qué le dirías al respecto?					]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p></p>


<p><b>Por Angie Pagnotta</b></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Tatiana Goransky es una artista fuerte. Y digo artista porque de forma clara, lo es: tras su paso por la Escuela Municipal de Arte Dramático egresó de Dramaturga, es escritora y autora de las novelas </span><i><span style="font-weight: 400;">Lulúpe María T</span></i><span style="font-weight: 400;"> (Símurg, 2005), </span><i><span style="font-weight: 400;">¿Quién mató a la cantante de jazz?</span></i><span style="font-weight: 400;"> (Tantalia, 2008, reeditado en 2013 en Estados Unidos y en 2015 en España);</span><i><span style="font-weight: 400;"> Los Impecables</span></i><span style="font-weight: 400;"> (Comba, 2016) y </span><i><span style="font-weight: 400;">Fade Out</span></i><span style="font-weight: 400;"> (Comba, 2017). Además, como si fuera poco, es cantante de jazz.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">“Hay que tener caos y frenesí en el interior para dar luz a una estrella danzarina’’, dijo alguna vez Friedrich Nietzsche y en cierta medida, ese frenesí se puede ver en los gestos, la mirada y las palabras de Goransky. Tomar un café con ella es entrar en un área de abstracción total donde lo más importante de ese momento es lo que se está conversando, lo que dice y cómo lo dice: con sus manos, con la cadencia de sus palabras, con su pelo ondulado y su sonrisa abrazadora. En el transcurrir de la conversación se deslinda la fuerza de su ser, porque en cada palabra, —con tanta convicción—, es que se refleja esa estrella danzarina de la que habla Nietzsche.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La charla, entonces, comienza con un café en el Bar “La Poesía’’, ubicado en el barrio de San Telmo, en la Ciudad de Buenos Aires y en este instante es que quiero comenzar con un detalle que no puedo evadir:</span></p>
<p><b>Una de las primeras cosas que me llamó la atención a la hora de investigarte, fue la pluralidad en la que se apoya tu hacer artístico. Lo noté al encontrarme con una cantidad de registros y temáticas en los que circula tu literatura, tu voz y tus modos de hacer. De hecho, en una entrevista decís que desde chica tuviste que pelear contra el dicho “el que mucho abarca, poco aprieta” y, sin dudas, creo que eso ha quedado demostrado en tu acontecer artístico pero, para establecer un juego, supongamos que hoy —años de experiencia más tarde— tuvieras que volver atrás y hablarle a la Tatiana de hace 20 años ¿Le dirías que se enfoque más alguna área o qué le dirías al respecto?</b></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Le diría que no perdiera tanta energía y tiempo tratando de explicarles a otros su manera de vivir la vida. No hay que justificarse, no hay que predicar, no hay que dejar que nos siembren esa inseguridad que marca. Hay que saber escucharse. Eso le diría, “escuchate, seguí tu deseo, vas a estar bien. No hace falta que te adaptes a los dichos populares, construí tu propio paradigma y, por encima de todas las cosas, no pierdas la alegría. Nada lo vale.”</span></p>
<p><b>¿Cómo crees que se conjugan tus profesiones y tus oficios a la hora de escribir ficción? ¿Hay un desdoblamiento que también se manifiesta en tu escritura?</b></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Cada vez que me encuentro en el escenario o ante una página en blanco, vuelvo a empezar de cero. Claro que tengo oficio, y esa es la base de poder seguir sosteniendo lo que hago, pero no hay una experiencia igual a la otra. A veces las cosas se conjugan y me permiten armar un libro como </span><i><span style="font-weight: 400;">Fade out </span></i><span style="font-weight: 400;">o </span><i><span style="font-weight: 400;">¿Quién mató a la Cantante de Jazz?.</span></i><span style="font-weight: 400;"> Otras, esperan en un rincón hasta que necesite (o no) utilizarlas. Eso sí, el oído musical me resulta esencial a la hora de escribir, y la construcción de biografías como escritora fantasma me dio muchas horas pista en la construcción de estructuras y personajes. Todo ayuda pero no siempre entra en la mezcla. El momento en el que me siento ante el teclado, ese momento de hiperrealidad en el que estoy sola con el texto nuevo, es un momento que olvida los precedentes. Esa, creo, es la única manera que tengo de seguir jugando. Sin el espíritu lúdico sería incapaz de construir ficción y me estancaría ante la muerte de todo: la autobiografía constante, la pérdida del espacio imaginario.</span></p>
<p><b>En tu último libro, </b><b><i>Fade Out</i></b><b> (Comba, 2017) hay —entre otras cosas— un repaso por el silencio y, en contraposición, por el decir, casi gritar, lo más profundo de los sentimientos ¿Cómo es tu relación con el silencio?</b></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Insuficiente. Estos últimos años fueron de mucho ruido y, al parecer, sólo prometen empeorar. Pero es el momento que nos toca vivir, un momento en el que el silencio y el recogimiento son bienes de lujo. Un momento en el que las opiniones indiscriminadas son el rey y la tecnología, mal utilizada, la reina. Siento que vivimos en una monarquía sonora o una dictadura de polución auditiva. Me agota, vacía las cosas de sentido, hace que a veces olvide mis prioridades, me preocupa. Creo que por eso el silencio está tan presente en mi escritura, y en la música, claro. No existe la escritura sin silencio, no existe la música sin silencio y no existen las relaciones sin silencio. ¿Cómo podemos conectarnos si somos pura interferencia?</span></p>
<p><b>En otra entrevista que leí, decías que cantar y escribir son dos maneras de narrar, sólo que una y otra tienen distintos plazos, distintos tiempos, ¿Qué tienen de particular esas formas de narración? ¿Qué percibís que sucede en vos cuando estás en uno u otro de esos lenguajes artísticos?</b></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Dicen que “la alegría no es sólo Brasilera, no mi amor”. Lo que me pasa en el escenario es que me contagio de la alegría de mis compañeros, del público, del sonido de la música, de ese bienestar que produce en mi cuerpo el vivir, por un ratito, dentro de esas historias con melodía propia. Cuando estoy novelando sonrió sola, lloro sola, me enojo sola, me frustro, me alegro, me siento estancada, me agarran ataques de control y descontrol, alivio, desesperanza, me pongo lúdica. Pero, todo lo que pasa, me pasa sólo a mí. No hay compañerismo en el momento de la escritura, no existe la reacción provocada por la acción del otro, al menos no de un otro real. Y el cuerpo está ahí, puesto por completo a disposición de lo que pasa en el teclado. Porque escribimos también con el cuerpo, que aunque no aparece vestido de show y expuesto en un escenario, está ahí, en cada párrafo, página y capítulo, solo, solito, desarmándose para construir. </span></p>
<p><b>Mirando hacia el futuro ¿Qué se viene por delante? ¿Qué proyecciones nuevas se avecinan?</b></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En abril estaré presentando </span><i><span style="font-weight: 400;">Fade out</span></i><span style="font-weight: 400;"> en Berlín y Madrid. Tendré también la alegría de volver a vivir un Sant Jordi en Barcelona, firmando ejemplares en las casetas de la Rambla. Pero eso es sólo a corto plazo. A mediano y largo plazo seguiré construyendo obra. Como decía Van Gogh: “El único lugar en el que el éxito viene antes del trabajo es en el diccionario”. A mí el éxito no me mueve, pero la idea de poder vivir de la escritura sí. Muchos dicen que está mal visto decir que uno quiere vivir de lo que hace y ama. Para mí no hay vergüenza en querer mantener a mi familia haciendo algo que me hace feliz. Si algún día logro eso, habré logrado el “éxito” profesional. Para lo demás se requiere verdadera valentía, para vivir digo, así que ¿qué te parece si pagamos la cuenta y nos vamos a caminar el verano porteño? Es un día precioso. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Y mientras juntas caminamos por las calles porteñas, noto inmediatamente que la pasión atraviesa todo el universo de Goransky. Sus palabras, su voz y su impronta de mujer fuerte, de artista independiente y de escritora que siempre tiene algo más para decir no terminan aquí, en estos empedrados de San Telmo. Ahora sus textos comenzarán a rodar en una gira europea que la llevará por Berlín, Madrid y Barcelona, algunas de las ciudades que ya se abrieron a esta escritora argentina que viene pisando fuerte. Que así sea, entonces. Que así sea.</span></p>
<h6></h6>
<h6>© de la foto: Ana Portnoy</h6>]]></content:encoded>
					
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		<title>Fade Out</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Juan Bautista Duran]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 12 Sep 2017 20:58:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[Andrés Calamaro]]></category>
		<category><![CDATA[banda sonora]]></category>
		<category><![CDATA[Diego Gándara]]></category>
		<category><![CDATA[Fade Out]]></category>
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		<category><![CDATA[Playlist]]></category>
		<category><![CDATA[Silencio]]></category>
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					<description><![CDATA[UNO. Lo primero que me llamó la atención al leer la novela de Tatiana (a pesar de que ella, Tatiana, me lo advirtió en su momento) fue que en su playlist no apareciera ninguna canción de Andrés Calamaro. Ni siquiera una mención, al menos una referencia, lo cual me hizo pensar dos cosas: una) que Tatiana, como las mujeres de su novela, es incapaz de emitir, o de cantar, canciones de Calamaro; dos) que a Tatiana, directamente, no le gusta Calamaro.
Cosa rara, pensé, tratándose de Tatiana, dado que las tres o cuatro veces que nos vimos tuvimos varios de esos momentos que, al unísono, bautizamos como «momentos Calamaro»: momentos en los que uno, en medio de una conversación, es capaz de recurrir a alguna de las muchas canciones de Calamaro y, en lugar de decir, por ejemplo, que está atravesando un momento de desamor, agarrarse de una frase de Calamaro y decir, en cambio, que está «vencido porque el mundo lo hizo así» o que es «todo corazón y eso le hace mal».						]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a class="no-eff img-link lightbox" href="https://www.editorialcomba.com/fade-out/img_3496/" rel="attachment wp-att-1877"> </a></p>
<p><strong>UNO.</strong> Lo primero que me llamó la atención al leer la novela de Tatiana (a pesar de que ella, Tatiana, me lo advirtió en su momento) fue que en su <em>playlist</em> no apareciera ninguna canción de Andrés Calamaro. Ni siquiera una mención, al menos una referencia, lo cual me hizo pensar dos cosas: una) que Tatiana, como las mujeres de su novela, es incapaz de emitir, o de cantar, canciones de Calamaro; dos) que a Tatiana, directamente, no le gusta Calamaro.</p>
<p>Cosa rara, pensé, tratándose de Tatiana, dado que las tres o cuatro veces que nos vimos tuvimos varios de esos momentos que, al unísono, bautizamos como «momentos Calamaro»: momentos en los que uno, en medio de una conversación, es capaz de recurrir a alguna de las muchas canciones de Calamaro y, en lugar de decir, por ejemplo, que está atravesando un momento de desamor, agarrarse de una frase de Calamaro y decir, en cambio, que está «vencido porque el mundo lo hizo así» o que es «todo corazón y eso le hace mal».</p>
<p>Una práctica, ésta de citar a Calamaro a cada rato, de calamarear, como decimos con Tatiana (como si hubiera un Calamaro escondido para cada ocasión) que no se restringe, no obstante, a nuestra conversación, una conversación que a veces mantenemos vía Messenger a altas horas de nuestras madrugadas, sino que se va haciendo, lo noto, cada vez más habitual entre los argentinos, tal vez porque Calamaro compone y no deja de componer canciones que son «para no olvidar». En cualquier caso, y para no desperdiciar otro momento Calamaro, es mejor que, como canta Calamaro, «pasemos a otro tema» y me centre mejor en <em>Fade out</em>, esta novela de Tatiana que incluye muchas canciones y que no incluye, obviamente, ninguna canción de Calamaro.</p>
<p><strong>DOS. </strong>Que <em>Fade Out</em> no incluya canciones de Calamaro no significa que <em>Fade Out</em> no incluya muchas otras cosas. Cosas que en una novela de tan pocas páginas (Tatiana me dijo que podía leerla, y no fue así, en una tarde) son díficiles de contener y, sobre todo, de sostener: historias breves, historias mínimas, que se entrecruzan y se mueven dentro de una biografía sonora y familiar, pero unidas gracias al pulso contante de una narradora que puede cambiar de voz y de nombre pero que nunca, jamás, cambia su manera de latir, como si hablara desde un lugar inefable y cercano (el único lugar, quizás, desde donde puede escribir), un lugar donde nacen las palabras y brotan los sonidos porque allí habita, precisamente, el silencio, esa condición que nos da, como dice alguien en la novela, «la capacidad de quedarnos donde estamos».</p>
<p>Desde ese lugar (un lugar inamovible que se vuelve simbólico y, gracias a ser un símbolo, puede atravesar las distancias y el tiempo) hablan las narradoras de esta novela de pocas páginas (sí, de pocas páginas) pero que en pocas páginas es capaz de sumergir al lector en una experiencia sonora, en un movimiento perpetuo, y hacerlo escuchar una historia de afectos y de vínculos, de lazos invisibles que van más allá de las palabras y se encaminan, en una prosa continua, a un <em>finalle</em> que es como volver al principio: a la producción del silencio, la búsqueda de un silencio que, como se afirma en <em>Fade Out</em>, no es un simple dejar de hablar, sino una emisión de ondas que se cancelan por sí mismas antes de poder ser registradas por aparato científico o humano. Un silencio que esta novela, si se la presta atención, si la lee y se la escucha en silencio, es capaz de emitir.</p>
<p><strong>TRES.</strong> Novela breve, sí, novela de pocas páginas (la leí en tres tardes) pero que, sin embargo, no debe ser confundida con una novela corta, un género que alguien se atrevió a definir también como un cuento largo, pues <em>Fade out</em> no pertenece, por suerte, a ninguna de ambas categorías y es difícil de encasillar, incluso, como una novela al uso. Aquí no hay ningún jeroglífico que descifrar, no hay un enigma que resolver, no hay un argumento al cual aferrarse ni un héroe con el que un lector pueda identificarse. <em>Fade out,</em> en cualquier caso, es una obra en sí misma, que tiene una sonoridad propia y en la cual cada uno de los instrumentos están perfectamente afinados, vibran en una misma sintonía y suenan, en conjunto, como una caja musical o como un ventilador pop.</p>
<p>El argumento de <em>Fade out</em> es, en ese sentido, mínimo (tres generaciones de mujeres, ninguna palabra y mucho silencio), pero la novela (y éste es uno de sus muchos atractivos) no se asienta exclusivamente sobre él porque no se trata, como se afirma al final del libro, de narrar historias, sino de otra cosa: de construir, en este caso, una narración perfectamente afinada, repleta de voces que se hacen canciones y pensamientos pero rodeada de un silencio en cuyo centro está, siempre, el sonido.</p>
<p>Todo, en <em>Fade Out</em>, suena a algo. Todo, en la novela, se siente, se escucha, se percibe. No sólo a través de los sentidos y, especialmente, a través del sentido auditivo. Todo, en Fade Out, suena a algo porque las palabras, el peso de las palabras, tienen un sentido, despiertan un sonido, más allá de que sus afinidades electivas implican, también, cierta desprotección. Como se afirma al final de la novela: «Quiero que los que lean este libro sepan que todos decimos más de lo que creemos y queremos pero no por eso tenemos que sentirnos desprotegidos».</p>
<p>Así, más allá de las palabras, parece decir Tatiana con esta novela, hay una apuesta y hay también un riesgo, pero también hay un sonido que viene de muy lejos y es más eterno que el silencio, un silencio que se revela como una una ausencia presente y un sonido que, cuando se terminen todas las palabras del mundo, aún pueda hacernos llorar y reír con la misma facilidad.   Sólo hara falta, como dice Calamaro, pedir «atención al silencio y al silencio, atención».</p>
<p>Escrito por <strong>Diego Gándara</strong></p>
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		<title>Individualidades</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Juan Bautista Duran]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 25 Sep 2014 18:01:27 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Desde el pasado dos de septiembre, junto al nuevo estadio de San Mamés hay una calle dedicada a Telmo Zarra, ídolo de los leones y de la afición española. Ya lo decía la canción de los hermanos bilbaínos, de la misma época en que Zarra jugaba en el equipo vizcaíno: ‹‹Athletic, Athletic Club de limpia tradición/ nadie más que tú luce mejor blasón/ del fútbol eres ley, te llaman el león/ y tu afición… ¡es reina del fútbol español!›› ¿Acaso no se podrían trasladar estas palabras al nueve de aquel equipo, al nueve más importante que ha dado el fútbol español?
Nacido en Erandio en 1921, Telmo Zarraonandia, Zarra, sigue siendo hoy día el máximo goleador de las competiciones españolas, con 252 goles en Liga y 81 en Copa, sumando un total de 333. Ha aguantado el envite de goleadores como Hugo Sánchez, Raúl o David Villa, y muy probablemente tendrá que abdicar en una o dos temporadas ante el empuje y constancia de Lionel Messi, que suma ya 245 en Liga y parece que será el primero, cincuenta años después de su retirada, en arrebatarle el trono de máximo goleador histórico. La calle a su nombre se la prometió en 1997 el alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna, cuyo sucesor en el cargo dio el paso definitivo aprovechando la construcción del nuevo estadio.						]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Desde el pasado dos de septiembre, junto al nuevo estadio de San Mamés hay una calle dedicada a Telmo Zarra, ídolo de los leones y de la afición española. Ya lo decía la canción de los hermanos bilbaínos, de la misma época en que Zarra jugaba en el equipo vizcaíno: ‹‹Athletic, Athletic Club de limpia tradición/ nadie más que tú luce mejor blasón/ del fútbol eres ley, te llaman el león/ y tu afición… ¡es reina del fútbol español!›› ¿Acaso no se podrían trasladar estas palabras al nueve de aquel equipo, al nueve más importante que ha dado el fútbol español?</p>
<p>Nacido en Erandio en 1921, Telmo Zarraonandia, Zarra, sigue siendo hoy día el máximo goleador de las competiciones españolas, con 252 goles en Liga y 81 en Copa, sumando un total de 333. Ha aguantado el envite de goleadores como Hugo Sánchez, Raúl o David Villa, y muy probablemente tendrá que abdicar en una o dos temporadas ante el empuje y constancia de Lionel Messi, que suma ya 245 en Liga y parece que será el primero, cincuenta años después de su retirada, en arrebatarle el trono de máximo goleador histórico. La calle a su nombre se la prometió en 1997 el alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna, cuyo sucesor en el cargo dio el paso definitivo aprovechando la construcción del nuevo estadio.</p>
<p>La calle de Telmo Zarra desemboca nada menos que en la calle dedicada a Pichichi, Rafael Moreno, otro grande del Athletic (1911–1921) cuyos goles dieron lugar al trofeo Pichichi al máximo goleador de la temporada. Zarra es quien más veces lo ganó, seis en total, en los años 45, 46, 47, 50, 51 y 53, con la añadida consecución de una Liga y cinco Copas. Su participación en la selección española fue notable igual, con veinte partidos disputados y veinte goles marcados, unas cifras difíciles de superar. Su gol más importante con el equipo nacional fue en el Mundial de Brasil 1950, en los cuartos de final contra Inglaterra, un gol que dio a España la clasificación para las semifinales por primera y última vez hasta el Mundial de Sudáfrica 2010.</p>
<p>El estilo de Zarra era el regate, pero en esa época, en sus propias palabras, un delantero centro no podía regatear en el área porque lo mataban. Hubo de perfeccionar el remate, por lo tanto, convirtiéndose en letal, gracias a los centros de sus compañeros Iriondo, Panizo y Gainza. Destacaba de forma especial en el remate de cabeza, al punto de que, en un partido de España contra Suecia en tierras nórdicas, los periódicos del país escandinavo anunciaron el partido de la siguiente manera: ‹‹¡Admiren la mejor cabeza de Europa después de Churchill!››</p>
<p>Así era Zarra, la segunda cabeza más importante de Europa, y la calle a su nombre llegó ocho años después de su muerte, acaecida en febrero de 2006, a los ochenta y cinco años. Podrían habérsela concedido antes, aunque en su caso el sitio es inmejorable, y además es propio de una gran cabeza no darle a estos tributos demasiada relevancia. Otros actúan de distinta manera, y no por ello son menos célebres. Tal es el caso de Xavier Cugat, músico español (Girona, 1900–Barcelona, 1990) criado en Cuba y gran difusor de las músicas afrocubana y latinoamericana. Sus discos <em>Mambo at the Waldorf</em>, <em>Merengue, by Cugat!</em> y <em>Cugat Favorite Rhumbas</em> fueron muy famosos, así como sus continuas apariciones en cine con su banda y también como actor. Puso música a las primeras películas sonoras y décadas después Woody Allen incluyó temas suyos en varias películas. Cugat era conocido por sujetar en brazos un perrito chihuahua mientras dirigía su orquesta, y de nuevo Woody Allen, en <em>Días de radio</em>, quiso rendirle un mínimo homenaje al poner un chihuahua en brazos de un director de orquesta. Su nombre es mencionado en <em>Un tranvía llamado deseo</em>, por otra parte, y en <em>A Goofy Movie</em>, de Disney, se refieren a él como ‹‹el rey del mambo››.</p>
<p>Xavier Cugat forma parte del grupo de genios que sin cesar da el carácter latino, y en particular España, un surtido grupo al que nunca le faltan socios. España es una cantera de grandes individualidades, un hecho que sólo los éxitos internacionales de los deportes en equipo logran contrarrestar. Un rematador como Zarra precisa de los centros que Iriondo, Panizo o Gainza le ponían, y por eso también, no sólo por su habilidad ante la portería rival, Zarra fue una gran cabeza. En el momento en que renunció al regate en favor del remate dio un paso hacia el grupo, que a la postre y a fuerza de marcar goles le trajo el reconocimiento personal.</p>
<p>La calle a su nombre es el último de una larga serie de reconocimientos, un premio a todas luces individual. En la placa no hay espacio para sus compañeros, como tampoco lo hay en la Rambla de Xavier Cugat, en Girona, para quienes formaron parte de su orquesta. Y es natural, no es cuestión de quitarles mérito a quienes destacaron sobre el resto. Lo curioso en el caso de Cugat es que, consciente de su fuerza individual, retirado ya en España, dijo que se dieran prisa en poner a su nombre una calle, una plaza o lo que fuera, porque si no iba a prohibirlo en el testamento. Su propósito era evidente.</p>
<p>Escrito por <strong>Juan Bautista Durán</strong></p>
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