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	<title>Editorial Comba | </title>
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	<description>Editorial independiente de letras hispánicas</description>
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		<title>Cara de fascinación</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Juan Bautista Duran]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 Oct 2023 14:58:22 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[En ‘Melalcor’ Flavia Company articula la narración a partir de la confusión de los géneros sexuales de sus protagonistas, debate de fondo que en los últimos tiempos ha llenado no pocas tertulias. De este modo lleva a cabo un desafío no a uno, sino a varios códigos binarios.]]></description>
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									<p>Por Juan Bautista Durán</p>
<p>Desde hace décadas se viene hablando de la muerte de la novela, y sin embargo ésta, en tanto que género literario, lejos de morir no hace sino crecer y fagocitar otros géneros que pudieran hacerle competencia. Hace algo más de medio siglo de este discurso, desde el crecimiento de los medios de comunicación y el posterior auge de la novela experimental. Algo por el estilo sucede con el libro, la lectura, puestos en la picota una y otra vez ante cualquier paso que el mundo dé hacia nuevas formas de acceder al conocimiento y al entretenimiento. Como el libro requiere de un esfuerzo, de una inmersión y aislamiento mental, por eso se le cuentan las horas y pone fecha de caducidad, sin caer en la cuenta de que ese mismo esfuerzo y esa elevación, esa distancia, es a su vez el mayor aliciente del libro, la fuerza con la que persiste y sigue ganando adeptos.</p>
<p>         La salud del libro queda reflejada en la cantidad y calidad de librerías y bibliotecas, así como en las ferias. En Barcelona, por las fiestas de la Mercè, tiene lugar todos los años la Feria del libro Antiguo y de Ocasión, la más antigua de Europa, dicen, instalada en el paseo de Gracia y que este año alcanzó la septuagésima segunda edición. Es cierto que hace unos años, además de la acera izquierda desde plaza Cataluña hasta Consell de Cent, la feria ocupaba un tramo de la acera derecha, hoy suprimido y concentrado todo en la acera izquierda, lo que es síntoma de la ausencia de algunos libreros pero no supone una rémora importante para el visitante. Al contrario: tenerlo todo en una misma acera facilita la visita. Fueron más de una treintena las librerías presentes en la última edición, algunas de ellas habituales también del mercado dominical de Sant Antoni, otras venidas para la ocasión de otros lugares de España.</p>
<p>         Un cronista de <em>El País</em> contaba que la librería Reus-París-Londres ofrecía «una fabulosa colección de libros de ciencias naturales de extraordinaria calidad, la mayoría de ellos en inglés, a un precio de escándalo». Uno quisiera llevárselos todos, decía. No en vano el librero le aseguró haber vendido un millar y pico de libros de esta colección. «Hay gente —decía— que vuelve y vuelve, y pone las mismas caras. Se los llevan a montones, abrumados por lo que dejan.»</p>
<p>         Cara de incredulidad, de sorpresa, de fascinación…, cara de pasmo, de enamorado ante la conjunción de todas las virtudes en un mismo ser. Los libros siguen produciéndonos estas sensaciones —cierto que no a todo el mundo, por desconocimiento—; y esto es así porque son reales, físicos, como el cuerpo de la persona amada, y al mismo tiempo, como la persona amada también, nos abren las puertas a nuevos estadios mentales. La lectura, por decirlo en palabras de Ricardo Piglia, alguien mucho más acreditado, «nos construye un espacio entre lo imaginario y lo real, desarma la clásica oposición binaria entre ilusión y realidad». Y además es infinita, porque las obras de verdad, las que nos producen un destello, andan siempre por delante del lector, sean actuales, de hace medio siglo, uno o cinco siglos. «La historia de la lectura es también la historia de la iluminación», de nuevo en palabras de Piglia<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>, una cita que hay que recoger con todos sus matices.     </p>
<p>         Hablamos de la lectura y los libros en general, y de la literatura en particular. En ésta hay que tener fe, aunque no entendamos nada, parafraseando a otro gran autor de nuestras letras<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>, aunque no comprendamos el rumbo que está tomando el mundo y sus vicisitudes. Cuanto más ajena nos resulta la realidad, cuanto más se aleja de aquello que reconocíamos como propio y común, más necesaria se vuelve la literatura. Nos sigue iluminando. Sus virtudes y recursos propios toman mayor relevancia ante la simplicidad de los discursos y la vida programada que se oculta tras las pantallas y la artificialidad. Darse un paseo por la feria, por lo tanto, o dárselo por el mercado dominical de Sant Antoni, es una forma de retar esta programación y control exhaustivo al que la artificialidad nos conduce. Ya no es sólo lo que uno pueda adquirir y su posterior lectura, sino el hecho mismo de no saber qué vamos a encontrar, entre qué dos títulos va a estar nuestra tesitura y ante cuál vamos a ceder, en cuál de ellos van a ser determinantes las palabras del librero —o de otro paseante, quién sabe— para que nos decidamos. Así llegó a Comba hace años un ejemplar de <em>Melalcor</em>, novela de Flavia Company publicada en el 2000 por Muchnik Editores y que ahora reeditamos, una novela, como no podía ser de otra manera, bastante adelantada a su tiempo. Flavia siempre nos está esperando en el futuro, en un lugar que la artificialidad no puede prever porque es mala lectora.</p>
<p>         En <em>Melalcor</em> articula la narración a partir de la confusión de los géneros sexuales de sus protagonistas —«Cor o Mel se descubrió en una mesa arrinconada del casino y decidió ser la misma persona. Mel es la voz de Cor y Cor es el corazón de Mel»—, debate de fondo que en los últimos tiempos ha llenado no pocas tertulias. De este modo lleva a cabo un desafío no a uno, sino a varios códigos binarios: al de los géneros sexuales, al de la literatura en sí y también, como destaca en el prólogo la filóloga y profesora Meri Torras, al que supuso la entrada en el siglo XXI. Se trata, dice ésta, de un «libro de culto que sacudió la literatura hispanófona precisamente desarticulando en desafío el código binario». Y además es una novela, tan viva como estimulante.</p>
<p> </p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Sendas citas pertenecen al libro <em>El último lector</em> (Anagrama, 2005).</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Enrique Vila-Matas, en referencia al libro homónimo publicado en 2003 por J.C. Sáez Editor.</p>
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