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	<description>Editorial independiente de letras hispánicas</description>
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	<title>Editorial Comba | </title>
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		<title>Alto grito amarillo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Juan Bautista Duran]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 22 Dec 2015 20:58:53 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Ya van diecinueve Encuentros Albor, y parecía que nadie se había dado cuenta, sólo los que de manera directa o indirecta habían participado en los Encuentros. Al decimonoveno, sin embargo, acudió una cantidad de gente capaz de sorprender al más pintado, en la nueva ubicación del Barcelona Pipa Club (c/ Santa Eulalia, 29), espacio adecuado para este tipo de actos y para juergas de toda índole, después del ritual pipero de los socios. Ellos se reúnen en una sala privada, al fondo del fondo del local, para que nadie les pueda molestar, ni siquiera la aparición de un espontáneo con la cabeza caliente apelando a la patria y a la vulgaridad como otros apelan a la autenticidad. La diferencia es mínima, de más está decirlo, en unos gramos de equis o en una copa de más. El espontáneo tomó el escenario tras la lectura de Marina Perezagua para reclamar la atención que merecía su hermano, presente en el acto y autor del texto que el susodicho echó a leer.
Pasada la broma inicial, la astracanada tomó unos tintes violentos, al punto de que varios presentes tuvieron que intervenir con tal de que el acto pudiera desarrollarse conforme estaba previsto. En primer lugar, leyó el autor de origen congoleño Fiston Mwanza, seguido de Marina Perezagua, cuya novela Yoro tiene bastante que ver con el Congo, y finalmente Juan Pablo Villalobos, autor mexicano que supo tomar con humor la intervención del espontáneo. ¿Cómo hacer frente a la lectura en público de los escritores?, dijo al subirse al escenario, con una clara voluntad de quitarle hierro a la astracanada previa, a la locura del espontáneo, reducido al final contra una pared a manos de otros escritores salvajes. ¿Algún policía en la sala? No, la lectura no está llegando tan lejos, sólo en parte, en la medida en que un joven de no más de veinticinco años puede interrumpir un acto literario para reclamar la atención que su hermano merece, escondido éste en un rincón del Pipa Club, incapaz de decir esta opereta es mía. Gran lección para él, ante un público a todas luces neutral, el ridículo de su hermano en pos de un texto trufado de banalidades y lugares comunes, que se multiplicaban e incendiaban a cada momento, cuando la gente estaba pidiendo orden, que se retirara, que permitiera el correcto desarrollo del Albor. ¿Algún policía en la sala? A falta de las fuerzas armadas, buenos son los hombres de letras.						]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Ya van diecinueve Encuentros Albor, y parecía que nadie se había dado cuenta, sólo los que de manera directa o indirecta habían participado en los Encuentros. Al decimonoveno, sin embargo, acudió una cantidad de gente capaz de sorprender al más pintado, en la nueva ubicación del Barcelona Pipa Club (c/ Santa Eulalia, 29), espacio adecuado para este tipo de actos y para juergas de toda índole, después del ritual pipero de los socios. Ellos se reúnen en una sala privada, al fondo del fondo del local, para que nadie les pueda molestar, ni siquiera la aparición de un espontáneo con la cabeza caliente apelando a la patria y a la vulgaridad como otros apelan a la autenticidad. La diferencia es mínima, de más está decirlo, en unos gramos de equis o en una copa de más. El espontáneo tomó el escenario tras la lectura de Marina Perezagua para reclamar la atención que merecía su hermano, presente en el acto y autor del texto que el susodicho echó a leer.</p>
<p>Pasada la broma inicial, la astracanada tomó unos tintes violentos, al punto de que varios presentes tuvieron que intervenir con tal de que el acto pudiera desarrollarse conforme estaba previsto. En primer lugar, leyó el autor de origen congoleño Fiston Mwanza, seguido de Marina Perezagua, cuya novela <em>Yoro</em> tiene bastante que ver con el Congo, y finalmente Juan Pablo Villalobos, autor mexicano que supo tomar con humor la intervención del espontáneo. ¿Cómo hacer frente a la lectura en público de los escritores?, dijo al subirse al escenario, con una clara voluntad de quitarle hierro a la astracanada previa, a la locura del espontáneo, reducido al final contra una pared a manos de otros escritores salvajes. ¿Algún policía en la sala? No, la lectura no está llegando tan lejos, sólo en parte, en la medida en que un joven de no más de veinticinco años puede interrumpir un acto literario para reclamar la atención que su hermano merece, escondido éste en un rincón del Pipa Club, incapaz de decir esta opereta es mía. Gran lección para él, ante un público a todas luces neutral, el ridículo de su hermano en pos de un texto trufado de banalidades y lugares comunes, que se multiplicaban e incendiaban a cada momento, cuando la gente estaba pidiendo orden, que se retirara, que permitiera el correcto desarrollo del Albor. ¿Algún policía en la sala? A falta de las fuerzas armadas, buenos son los hombres de letras.</p>
<p>Nada tenía que ver el espontáneo con los Albor, encuentros organizados por la agente literaria Sandra Pareja donde se intenta dar voz tanto a autores reconocidos como a autores minoritarios, de modo que sus textos convivan y puedan nutrirse unos de otros. Impresionante fue en este decimonoveno Albor la lectura de Fiston Mwanza, puro vigor y pasión, interesante la de Perezagua y divertida la de Villalobos.</p>
<p>‹‹Y como no había manera de desmentirlos, los rumores crecieron en esplendor y realidad: cada hombre transformó el mundo en aquello que deseaba que fuese.›› La cita, de la escritora estadounidense Carson McCullers, es el lema que Pareja usó para este Albor. Sirve para el proyecto en sí, en verdad, cuya voluntad radica en dar relevancia a voces tanto poéticas como narrativas, con tal de crear un imaginario lo más ajustado posible a su idea del mundo. Los primeros Encuentros tuvieron lugar en el Glaciar, antiguo bar de la Plaza Real donde antaño se dieron los primeros premios Nadal de novela, y a partir del cuarto en el Barcelona Pipa Club, entonces sito también en la Plaza Real, lugar entrañable pero demasiado clandestino para seguir organizando cualquier tipo de actividad social. Por ahí pasaron autores de la talla de Javier Pérez Andújar, Gonzalo Torné, Chantal Maillard, Ana Nuño o Ignacio Vidal-Folch, entre otros, a quienes Pareja convenció para alumbrar ese rincón umbrío de la literatura, donde se lee por leer, por el mero placer de escuchar el sonido de las letras y de saberse escuchado, de tener un público y ver en su rostro el efecto de la lectura. Para eso hace falta alguien que tome las letras por amor al arte y sepa ver un diálogo en la diversidad creativa.</p>
<p>En el decimoséptimo Albor, por ejemplo, Matías Correa leyó un fragmento de <em>Geografía de lo inútil</em>, acompañado por el autor irlandés Colin Barrett y por Cristina Fernández Cubas, dama del cuento español, tan receptiva y astuta que habría sido capaz de convencer al espontáneo de turno para que leyera hasta extenuarse, hasta que nadie lo aguantara y se quedara afónico, consumido el físico por la voz, más raquítico a cada párrafo, a cada línea y a cada palabra, pero convencido de que leer en los Encuentros Albor es un privilegio al que sólo unos pocos tienen acceso. Entre ellos se cuentan, además de los ya citados, Marcos Giralt Torrente, Cristina Morales, Juan Gómez Bárcena, Andreu Jaume, Edgardo Dobry, Édouard Louis, Yannick García, Esmeralda Berbel…, nombres a los que el espontáneo quería añadir el de su hermano, con un texto rabioso y subversivo, de palabrotas ensangrentadas, poco inteligente para un marco que promueve la afinidad y devoción hacia la lectura. Los Encuentros Albor irradian un alto y sano grito amarillo, como diría Octavio Paz, una historia que trepa las páginas y se extiende.</p>
<p>Escrito por <strong>Juan Bautista Durán</strong></p>
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		<title>En caravana</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Juan Bautista Duran]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 18 Aug 2015 13:55:22 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Todas las semanas sale en prensa la correspondiente lista de ventas, en las modalidades de narrativa, ensayo y poesía, aparte del formato de bolsillo. Parece mentira que esto sea tan real, pero lo es, claro, y además es la piedra de toque en que no pocos escritores y editores miden su éxito. Otros no pueden soñar siquiera con asomarse a los últimos renglones de tales listas; están en la caravana, y no de camino a un lugar de asueto, tal como en fechas recientes estarían no pocos ciudadanos, sino en la caravana que va de la imprenta al lector. Los tramos a recorrer son varios y la transparencia en que algunos libros caen la explica cualquier traspié en alguno de estos tramos. Junto con la distribución, la difusión es quizá el más importante, ya que facilita las cosas y evita pesadas justificaciones. ‹‹Denle una oportunidad a este autor, y a ése, y a ése…›› ¿Y quiénes son? ¿Dónde están?
‹‹Yo me encuentro felizmente exiliado en el escritorio de mi casa››, decía Matías Correa en una entrevista reciente. Ah, el exilio interior, bendito exilio, fuente de inspiración y en algunos casos de prestigio; hay quienes hicieron del exilio y el desarraigo su bandera, y no les fue mal, o al menos no tan mal como a otros autores, que sólo pudieron sacar de su aislamiento el olvido de los demás. Las redes sociales ayudan hoy día a que tales aislamientos sean menos un aislamiento, sino una reclusión, un espacio de silencio desde el que dar aire al pensamiento.						]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Todas las semanas sale en prensa la correspondiente lista de ventas, en las modalidades de narrativa, ensayo y poesía, aparte del formato de bolsillo. Parece mentira que esto sea tan real, pero lo es, claro, y además es la piedra de toque en que no pocos escritores y editores miden su éxito. Otros no pueden soñar siquiera con asomarse a los últimos renglones de tales listas; están en la caravana, y no de camino a un lugar de asueto, tal como en fechas recientes estarían no pocos ciudadanos, sino en la caravana que va de la imprenta al lector. Los tramos a recorrer son varios y la transparencia en que algunos libros caen la explica cualquier traspié en alguno de estos tramos. Junto con la distribución, la difusión es quizá el más importante, ya que facilita las cosas y evita pesadas justificaciones. ‹‹Denle una oportunidad a este autor, y a ése, y a ése…›› ¿Y quiénes son? ¿Dónde están?</p>
<p>‹‹Yo me encuentro felizmente exiliado en el escritorio de mi casa››, decía Matías Correa en una entrevista reciente. Ah, el exilio interior, bendito exilio, fuente de inspiración y en algunos casos de prestigio; hay quienes hicieron del exilio y el desarraigo su bandera, y no les fue mal, o al menos no tan mal como a otros autores, que sólo pudieron sacar de su aislamiento el olvido de los demás. Las redes sociales ayudan hoy día a que tales aislamientos sean menos un aislamiento, sino una reclusión, un espacio de silencio desde el que dar aire al pensamiento.</p>
<p>El narrador español Miguel Ángel Hernández tuiteaba este verano: ‹‹Por fin internet en casa. Ya somos personas››, un mensaje a todas luces irónico, que sin embargo da cuenta del sentimiento actual. La libertad nos hace personas, y hoy día la libertad se camufla en internet y las nuevas tecnologías, redes sociales incluidas, donde se anda igual en caravana. La facilidad para acceder a ellas es grande, igual que para salir a la carretera o para llevar un texto a la imprenta, pero una vez ahí, con el perfil creado o el libro en las manos, la dificultad para tener eco es similar a la de llegar a la playa un primero de agosto, una vez enfilada la autopista. En el mejor de los casos, uno se encuentra en la caravana con la muchacha del Dauphine, y hablando con ella, que si su coche es más bonito que el propio, que si en aquellos años los coches eran una maravilla, uno descubre que la muchacha está de vuelta, que no va, sino vuelve de la playa, y que todo es una confusión, acceder a las redes sociales como publicar un libro sin editor (con él también) o enfilar rumbo a la playa.</p>
<p>En la caravana, entre los cientos de coches parados, aparecen las monjas del 2HP, todavía ellas; el hombre pálido del Caravelle; el ingeniero del Peugeot 404, con un modelo tal vez renovado; el matrimonio de felicidad avícola del 306 con su hija, justo detrás del Dauphine de la muchacha. Éstos dan la impresión de ir, pero en alguna rotonda previa a la autopista habrán tomado la dirección equivocada, metiéndose en la caravana de vuelta en vez de la de ida. Parados todos, no obstante, la conversación se da igual en un sentido que en otro y podría decirse que sendas caravanas son al fin y al cabo la caravana. Sólo los que tienen una buena posición en las redes sociales pueden dar cuenta del suceso —el ingeniero del Peugeot 404, por ejemplo—, hablar con otros conductores atascados en lejanas caravanas, compartir lamentos y establecer algún tipo de criterio sobre la cuestión. ‹‹Saldrá el caballero del Porsche en busca de alimentos, lo que nos dará para las próximas veinte horas, y haremos de esta caravana un feliz encuentro.››</p>
<p>El matrimonio avícola no lo puede creer, verse en semejante atasco, cuando ellos… ¿Y la niña? Que el señor del Porsche no olvide traer buenos alimentos para ella. Las monjas del 2HP se hacen bien a la idea, en cambio, con serenidad, y también la muchacha del Dauphine, quien distrae la caravana con su alegría. Trae frutas en un capazo y tiene buena conversación. El ingeniero le saca una foto para compartirla en las redes sociales y demostrar el buen ambiente que hay en su caravana. ‹‹También traigo libros —dice ella—, si alguien quiere…›› Cualquier cosa es buena con tal de no llevar la cuenta del tiempo, puestos a esperar en el infatigable misterio de la caravana, y un libro, por raro que a algunos les parezca, es preferible a estar pendientes del reloj.</p>
<p>El matrimonio avícola muestra cierto interés, de puro aburrimiento, a diferencia del ingeniero, pendiente de las redes, e igual que las monjas, hartas quizá del credo. Entonces es cuando se acerca el hombre pálido del Caravelle, despreciando a unos y a otros, derecho hacia la muchacha del Dauphine y sus libros. ‹‹¿Me permite, señorita?›› Su corrección es pálida igual, aunque en seguida se aprecia el dominio de los libros. Es librero, dice, y con lo atascado que está el mundo, qué idiota fue…, cómo no previó esta caravana y se llevó algún libro.</p>
<p>‹‹Pero va todo tan rápido, señorita: éste de Matías Correa, por ejemplo, un libro excelente, recién editado y sin embargo ya tuve que devolverlo. Las novedades nos colapsan.›› La muchacha del Dauphine, que lo ha leído estos días en la playa, lee unas palabras de Correa que subrayó: ‹‹Resulta atractiva la posibilidad de habitar otro mundo, distinto al fáctico que nos toca vivir.›› El hombre pálido dice: ‹‹Atractiva no, necesaria.›› Cuenta también que los buenos lectores deben estar muy atentos, casi en el momento en que el libro llega, lo coge el librero, lo recoge para su muestra, como en un baile sureño, y ahí ya tomarlo, antes de que el siguiente libro pueda pisarlo. ‹‹Los libros van igual en caravana —dice—, esto se sabe. Sólo ciertos autores, como Julio Cortázar o Rosa Chacel, por su prestigio, y los que conforman las listas de ventas, tienen margen para permanecer en los estantes.›› A la muchacha le entretiene tanto la conversación del hombre pálido, que lo invita a sentarse en su bello Dauphine. Quiere saber más. Que le cuente, que le cuente. Para ella, después de todo, esta caravana es casi el ideal que el ingeniero se esfuerza en mostrar en las redes sociales.</p>
<p>Escrito por <strong>Juan Bautista Durán</strong></p>
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		<title>Perspicaces geografías</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Juan Bautista Duran]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Jun 2015 09:14:28 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Nacido en Santiago de Chile en 1982, Matías Correa se dio a conocer en su país con una novela aguda, cargada de perspicacia, que Editorial Comba reedita para todos los lectores en lengua española con una prodigiosa kachina en la portada. No se trata de sacar en este espacio una crítica a Geografía de lo inútil, tarea que corresponde a otros medios, sino de resaltar algún que otro detalle, incurriendo incluso en la mentira, para que el libro pueda defenderse. A menudo la crítica es benevolente pero no mentirosa, como en una confesión, es decir, la palabra en manos del Señor, que le quita hierro al confesor a cada sentencia rebajada de tono. Lo importante es el hecho en sí, decir que leyó el libro y comulgar mal que bien con la palabra dada. No hay tiempo para más. Cada fin de semana los críticos se confiesan y, con mayor o menor acierto, actualizan la geografía del panorama literario.
De esta inútil geografía de Correa la prensa chilena dijo, entre otros parabienes, que ‹‹su extraña calidad interpela a un lector cada vez más escaso, aquel curioso e inteligente››, o que ‹‹goza de un equilibrio difícil de observar en estos tiempos, en base a una relación proporcionada entre forma y contenido››, opiniones que dieron alas al joven Correa como un buen petardo se las da a la imaginación. ‹‹Leer a Donoso para exorcizar a Bolaño››, respondió sabiamente en una entrevista, casi una confesión, esto sí, en un país donde afirmarse a favor de un autor u otro puede crear debate, tanto como defender en otros tercios los atributos de tal o cual presentadora televisiva en detrimento de otra. O a la inversa. O en masculino, da igual. Lo inútil en dichos tercios parece ser plantearse la literatura como espacio de debate, caldo de cultivo para que autor y lector le tomen el pulso a la realidad. Sólo unos pocos han tenido la suerte de trascender. Rafael Chirbes, por ejemplo, tras darse exitosamente la vuelta al mundo, volvió a sus corruptas orillas por unas migajas de reconocimiento. Y lo consiguió, sí, la crítica ahora lo celebra. Pocas veces se puede ser profeta en la propia tierra, ya se sabe, y tampoco se puede estar en misa y repicando, así son las cosas, no vayamos a sacarlas de quicio. ‹‹De lo perdido —dijo Bolaño— sólo deseo recuperar la disponibilidad cotidiana de la escritura.››						]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Nacido en Santiago de Chile en 1982, Matías Correa se dio a conocer en su país con una novela aguda, cargada de perspicacia, que Editorial Comba reedita para todos los lectores en lengua española con una prodigiosa kachina en la portada. No se trata de sacar en este espacio una crítica a <em>Geografía de lo inútil</em>, tarea que corresponde a otros medios, sino de resaltar algún que otro detalle, incurriendo incluso en la mentira, para que el libro pueda defenderse. A menudo la crítica es benevolente pero no mentirosa, como en una confesión, es decir, la palabra en manos del Señor, que le quita hierro al confesor a cada sentencia rebajada de tono. Lo importante es el hecho en sí, decir que leyó el libro y comulgar mal que bien con la palabra dada. No hay tiempo para más. Cada fin de semana los críticos se confiesan y, con mayor o menor acierto, actualizan la geografía del panorama literario.</p>
<p>De esta inútil geografía de Correa la prensa chilena dijo, entre otros parabienes, que ‹‹su extraña calidad interpela a un lector cada vez más escaso, aquel curioso e inteligente››, o que ‹‹goza de un equilibrio difícil de observar en estos tiempos, en base a una relación proporcionada entre forma y contenido››, opiniones que dieron alas al joven Correa como un buen petardo se las da a la imaginación. ‹‹Leer a Donoso para exorcizar a Bolaño››, respondió sabiamente en una entrevista, casi una confesión, esto sí, en un país donde afirmarse a favor de un autor u otro puede crear debate, tanto como defender en otros tercios los atributos de tal o cual presentadora televisiva en detrimento de otra. O a la inversa. O en masculino, da igual. Lo inútil en dichos tercios parece ser plantearse la literatura como espacio de debate, caldo de cultivo para que autor y lector le tomen el pulso a la realidad. Sólo unos pocos han tenido la suerte de trascender. Rafael Chirbes, por ejemplo, tras darse exitosamente la vuelta al mundo, volvió a sus corruptas orillas por unas migajas de reconocimiento. Y lo consiguió, sí, la crítica ahora lo celebra. Pocas veces se puede ser profeta en la propia tierra, ya se sabe, y tampoco se puede estar en misa y repicando, así son las cosas, no vayamos a sacarlas de quicio. ‹‹De lo perdido —dijo Bolaño— sólo deseo recuperar la disponibilidad cotidiana de la escritura.››</p>
<p>Todo está inscrito en una misteriosa lejanía, como el origen de la kachina que ilustra la nueva edición de <em>Geografía de lo inútil</em>. Claramente alegórica respecto a la juguetona historia narrada por Correa, esta kachina formó parte de una exposición en la galería barcelonesa The Laboratory, donde el pintor Matías Krahn, también chileno, plasmó en una serie de lienzos el espíritu de las kachinas, esculturas de la cosmología hopi, una de las etnias nativas americanas, y a través de ellas reflexiona sobre los orígenes —los nuestros— en este planeta. La búsqueda de Correa tiene similares motivos, apoyándose en la filosofía. El epígrafe de Wittgenstein que da inicio al libro determina el temple de cada personaje. ‹‹El mundo de los dichosos —dice— es uno distinto al de los desgraciados.›› A partir de esta premisa, cierta o no, Correa integra a cada personaje en el pueblo ficticio de Puerto Rosales donde transcurre la historia, del mismo modo que Krahn integró sus cuadros a partir de los símbolos que las kachinas le transmitieron. Para él, dijo, estas esculturas son espíritus que habitan la materia, es decir que contienen los códigos primeros.</p>
<p>Esta cuestión no es menos donosiana, por cierto, ni en lo que atañe a los códigos primeros de las kachinas ni en la sentencia de Wittgenstein. Se aprecia el primer punto en novelas como <em>El obsceno pájaro de la noche</em> o <em>Casa de campo</em>, donde los orígenes toman una forma extraordinaria y enigmática, capaces de devorarse a sí mismos, mientras que la idea del filósofo austríaco toma especial entidad en <em>El jardín de al lado</em>. ‹‹A veces —escribe Donoso en las primeras líneas— suele darse la venturosa casualidad de que [un] amigo rico ha sido amigo desde siempre, desde las playas y fundos de la adolescencia, cuando el mundo no nos proponía aún la tiránica opción de ser, tal vez, amados y célebres.›› Disponer o no de medios, esto es. En este caso, además, tiene un peso determinante el exilio, la necesidad de volver al país de origen antes de que el olvido lo cubra de una insidiosa bruma. Bolaño apreciaba de un modo especial esta novela, pese a ser muy crítico con Donoso —‹‹en casi todo estoy en desacuerdo››—, de puro paisanismo sería, pero ahí la literatura ejerce a la vez de ventana y espejo: muestra una geografía personal al tiempo que refleja el rostro de quien lo está leyendo.</p>
<p>Escrito por <strong>Juan Bautista Durán</strong></p>
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