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	<title>Editorial Comba | </title>
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	<description>Editorial independiente de letras hispánicas</description>
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		<title>La poesía no se vende</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Juan Bautista Duran]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 31 Aug 2017 18:48:09 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Contra lo que algunos pensarán, el título de este artículo no se refiere a que la poesía no tenga lectores ni a que éstos se dediquen a robarla. Que hubo tiempos mejores para la poesía, eso está de más decirlo, pero sus lectores suelen ser más fieles que los de otros géneros, en el sentido de que acuden con regularidad a la mesa de poesía de las librerías y se atreven, buscan, están atentos a las nuevas voces que van surgiendo, no pocas de ellas para quedarse. Editoriales como Valparaíso o La Bella Varsovia, entre otras, propician que haya este movimiento, al margen de las consabidas Hiperión o Visor, que mantienen su labor tanto en el catálogo de fondo como en los premios para el fomento de nuevas voces.
Así dicho, la poesía se vende; menos de lo que las partes involucradas quisieran, con probabilidad, pero se vende. Se celebran festivales, también, se celebra todo tipo de eventos en pos de la poesía, que no obstante quedan en entredicho al no estar muy claro cuanto hay en ellos de trigo limpio. Es el juego de la cultura, que en este país primero se llama picaresca y luego ya se verá qué hay de las letras, las artes pictóricas, cinematográficas o musicales. Que vivir es devorar tiempo, dijo Juan de Mairena: esperar; y que hayamos de esperar a que se fría un huevo, se abra una puerta o madure un pepino, es algo, señores, que merece nuestra reflexión. Más aún si quien espera es un sufrido hombre de letras (o mujer, y de cualquier otro registro artístico) para que lean sus versos y los valoren y les den una oportunidad.						]]></description>
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<p></p>


<p><strong>Juan Bautista Durán</strong><a class="no-eff img-link lightbox" href="https://www.editorialcomba.com/la-poesia-no-se-vende/blog-1452256454-3/" rel="attachment wp-att-1852">&nbsp;</a></p>
<p>Contra lo que algunos pensarán, el título de este artículo no se refiere a que la poesía no tenga lectores ni a que éstos se dediquen a robarla. Que hubo tiempos mejores para la poesía, eso está de más decirlo, pero sus lectores suelen ser más fieles que los de otros géneros, en el sentido de que acuden con regularidad a la mesa de poesía de las librerías y se atreven, buscan, están atentos a las nuevas voces que van surgiendo, no pocas de ellas para quedarse. Editoriales como Valparaíso o La Bella Varsovia, entre otras, propician que haya este movimiento, al margen de las consabidas Hiperión o Visor, que mantienen su labor tanto en el catálogo de fondo como en los premios para el fomento de nuevas voces.</p>
<p>Así dicho, la poesía se vende; menos de lo que las partes involucradas quisieran, con probabilidad, pero se vende. Se celebran festivales, también, se celebra todo tipo de eventos en pos de la poesía, que no obstante quedan en entredicho al no estar muy claro cuanto hay en ellos de trigo limpio. Es el juego de la cultura, que en este país primero se llama picaresca y luego ya se verá qué hay de las letras, las artes pictóricas, cinematográficas o musicales. Que vivir es devorar tiempo, dijo Juan de Mairena: esperar; y que hayamos de esperar a que se fría un huevo, se abra una puerta o madure un pepino, es algo, señores, que merece nuestra reflexión. Más aún si quien espera es un sufrido hombre de letras (o mujer, y de cualquier otro registro artístico) para que lean sus versos y los valoren y les den una oportunidad.</p>
<p>La respuesta del editor puede ser honesta, de un modo cálido o frío, lo mismo da, o a todas luces pícara. Es lo que sucede en el sector de la llamada autoedición, en que los responsables editoriales, además de cobrar por publicar el libro, aseguran al autor que su obra se distribuirá en todas las librerías del país. Como mucho entrará en la base de datos de algunos grandes puntos de venta, bastante desbordados ya con las novedades que las editoriales clásicas van sacando. Y en ese matiz se escudan los gerentes de la autoedición para mantener su negocio. De sobra saben que los libros autoeditados se mueven entre los familiares y amigos del autor.</p>
<p>La autoedición es la extraña contradicción de una época en que, según los datos, la venta de libros es inferior a la deseada y sin embargo crece el número de personas interesadas en la escritura. ¿Para quién será que escribimos? Muchos premios literarios de carácter municipal ya ni se molestan en ofrecer al ganador la publicación de la obra, sino sólo el pertinente galardón (la mejor manera en que ciertos municipios deciden lavar su imagen en materia cultural).</p>
<p>En Madrid se celebra este otoño la segunda edición de un festival de poesía internacional, cuyo objetivo consiste en «establecer contactos entre poetas y lectores, para crear diálogos en que las letras sean vehículo de reflexión, amistad y solidaridad». El festival cuenta con el apoyo de varias instituciones de la ciudad, tales como la Universidad Complutense, la Casa de América, el Instituto Cervantes o el Círculo de Bellas Artes, por citar las de mayor postín, garantía por tanto de rigor y de la presencia de renombrados poetas. Siendo un festival internacional en letras hispánicas, son muchos los que pueden animarse a participar de unas jornadas que se presentan más que interesantes. Se espera incluso que la alcaldesa de Madrid, además de ofrecer el apoyo de la ciudad, pronuncie unas palabras exaltando los valores de la poesía y la fuerza de Madrid como urbe literaria. En este tipo de apariciones es cuando los alcaldes pueden lucirse, ya que la poesía, la música de cámara o la pintura al óleo, gusten más o menos, no molestan a nadie. Y dar un discurso no partidista es una ocasión ideal para llegar a la ciudadanía. Podría citar ahí al propio Juan de Mairena, decir que la poesía es el diálogo del hombre con el tiempo, y que el poeta puro, aquél a quien el festival se propone convocar, es el que logra vaciar el suyo para entendérselas a solas con él. Qué bonito, qué olvidados tenemos a nuestros poetas cuando hablamos de poesía; y más aún, claro, a sus heterónimos. Discípulo de Abel Martín, Juan de Mairena nos viene muy bien todavía para desmontar las patrañas de los tiempos actuales.</p>
<p>El festival cuenta con un espacio web donde se facilita la información pertinente y un contacto para los que quieran participar. Tienen que presentar una biografía y un currículo literarios, además de una muestra de su hacer poético. Con eso uno espera estar postulando a una suerte de beca o ayuda a la creación, y sin embargo lo que hace es entrar en un miserable juego mercantil. «La cuota de participación que debe abonar es de 200 euros —informan a vuelta de correo—. Esto incluye: inclusión en el programa, dos lecturas, participación en la antología del Festival, con derecho a recibir un ejemplar del libro, y comida de clausura.» Más que festival, a eso habría que llamarlo romería, para no faltar a la verdad, y habría que anunciar también los requisitos al completo para no faltar al respeto de quienes se esmeran en trabajar sus versos, sean buenos o malos, y desean un trato serio cuando exponen su obra al jurado de un festival que se escuda tras el nombre de grandes instituciones culturales.</p>
<p>Una vez más la cultura es la picaresca, y quizá convendría que nuestros poetas volvieran a cultivarla; ésta sería la mayor denuncia a unas costumbres que no cambian. ¡Que la poesía no se vende, se compra! Lo dijo Haroldo de Campos, poeta brasileño poco leído por estos pagos.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Felices miedos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Juan Bautista Duran]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 Jul 2015 08:35:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[al compas]]></category>
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					<description><![CDATA[De vuelta de la 74ª Feria del libro de Madrid, aparece en un cajón de la editorial una crónica correspondiente a una edición anterior, firmada por un mancebo escritor. Lo que sigue es nuestro, por tanto, pero de otro. ‹‹Atrás ha quedado la última caseta, según me desvío henchido por una calle aledaña. El motivo de tal henchidura quizá se deba al buen almuerzo, a la emoción que subyuga mis movimientos o al aire plúmbeo que invade Madrid. Cruzo por el paso de peatones como único testigo del desértico atardecer, testigo distraído. La fuerza de la literatura —inocente enunciado— hace inaudibles los ostentosos tubos de escape de los vehículos.›› Corolarios sin corola, habría añadido Osvaldo Lamborghini, de rabiosa actualidad hoy día: el mundo se evapora hacia la permanente condensación de la literatura. ‹‹Llevo en las manos Alrededores, de Álvaro Pombo, compilación de artículos en los que retrata a autores de su generación, más jóvenes unos y veteranos los otros, así como algunos textos etéreos. Pequeños retales, dice el autor cántabro, que denuncian mi paso por el periodismo.››
Osvaldo Lamborghini murió en Barcelona en la misma época en que los autores a los que Pombo se refiere —Vicente Molina Foix, Javier Marías, Adelaida García Morales, etcétera— consolidaban sus voces en el panorama literario español. Perteneciente a esa misma generación, la vida de Lamborghini (1940–1985) fue breve y desenfrenada, un completo desconocido, sin embargo, salvo para algunos intelectuales argentinos y otros colegas de desenfreno. Vivió la literatura como si en verdad la quisiera condensar, acabar con ella, más bien, cual glotón que al fin se come el hambre. ¿Acaso no es esto El fiord, primer opúsculo que le dio remota notoriedad?						]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>De vuelta de la 74ª Feria del libro de Madrid, aparece en un cajón de la editorial una crónica correspondiente a una edición anterior, firmada por un mancebo escritor. Lo que sigue es nuestro, por tanto, pero de otro. ‹‹Atrás ha quedado la última caseta, según me desvío henchido por una calle aledaña. El motivo de tal henchidura quizá se deba al buen almuerzo, a la emoción que subyuga mis movimientos o al aire plúmbeo que invade Madrid. Cruzo por el paso de peatones como único testigo del desértico atardecer, testigo distraído. La fuerza de la literatura —inocente enunciado— hace inaudibles los ostentosos tubos de escape de los vehículos.›› Corolarios sin corola, habría añadido Osvaldo Lamborghini, de rabiosa actualidad hoy día: el mundo se evapora hacia la permanente condensación de la literatura. ‹‹Llevo en las manos <em>Alrededores</em>, de Álvaro Pombo, compilación de artículos en los que retrata a autores de su generación, más jóvenes unos y veteranos los otros, así como algunos textos etéreos. Pequeños retales, dice el autor cántabro, que denuncian mi paso por el periodismo.››</p>
<p>Osvaldo Lamborghini murió en Barcelona en la misma época en que los autores a los que Pombo se refiere —Vicente Molina Foix, Javier Marías, Adelaida García Morales, etcétera— consolidaban sus voces en el panorama literario español. Perteneciente a esa misma generación, la vida de Lamborghini (1940–1985) fue breve y desenfrenada, un completo desconocido, sin embargo, salvo para algunos intelectuales argentinos y otros colegas de desenfreno. Vivió la literatura como si en verdad la quisiera condensar, acabar con ella, más bien, cual glotón que al fin se come el hambre. ¿Acaso no es esto <em>El fiord</em>, primer opúsculo que le dio remota notoriedad?</p>
<p>‹‹Las incertidumbres y los miedos son iguales para todos —está escrito en la crónica—, y es que embarcarse en las letras, barco del cual Pombo podría ser capitán pirata, es un reto del que sólo las mentes más privilegiadas salen airosas. El miedo, dice Pombo, no es más que el padre de una infancia feliz. ¿Cuáles serán los suyos? Echa de menos el mar, esto seguro, y este calor madrileño tampoco parece de su agrado. Insiste en ello sentado a la sombra de la última caseta, transitada por los editores de Anagrama, otros autores del sello y alguna señora catalana que se hace notar en el bucólico parque del Retiro. En esta caseta somos todos catalanes, dice el autor de <em>Contra natura</em>: yo soy un catalán adoptivo. Una de las señoras cuenta cómo transcurrió un reciente discurso en el que hubo de hablar en catalán, cosa inaudita. Su mayor escollo, dice la señora, estuvo en la pronunciación de “diners”. Pronunciaba la erre que parecía Macià, asegura él con retranca.››</p>
<p>En la edición de este año, la presencia de Lamborghini en la Feria es similar a la del novelista cántabro, gracias a la publicación en España de sus obras completas, con motivo de la exposición que tuvo lugar en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, <em>Teatro proletario de cámara</em>, especie de testamento estético del autor, donde pornografía y poesía se dan la mano. Cuando no hay nada que hacer, dijo Lamborghini, lo que rigurosamente no se hace es literatura. Lo que no se hace, esto es. La destrucción es una constante en sus papeles, por lo que el miedo, su miedo, es también el del lector, con la añadida incertidumbre de si lo estará interpretando correctamente. En <em>Sebregondi retrocede</em> dice: cualquier dibujo de chico, si se lo mira bien, revela la influencia del padre, o la calidad del padre adulto que ha fluido hacia la mano del chico; el dibujo horroriza en el sector donde el padre ha fluido.</p>
<p>Por la Feria se pudo ver también a un joven novelista chileno contrario a la negatividad de Lamborghini —no creo en el fin de la literatura, dijo, ni en los apóstoles malditos—, un novelista de inútiles geografías, amigo de Comba, donde tampoco congregamos con la idea del autor argentino. Nuestra propuesta corre siempre contra los malos augurios que acechan la literatura y contra la banalización del término. A menudo —demasiado— se aleja de aquel espacio al que se refería el mancebo escritor, reservado a las mentes más privilegiadas. ‹‹Esquivo una farola —dice— y leo la dedicatoria que Pombo ha estampado en <em>Alrededores</em>: “Para Juan, en recuerdo de esta visita a Madrid, con el reservado afecto de Álvaro Pombo.” La leo otra vez y una nueva farola se interpone entre “Madrid” y el “reservado afecto”. Qué susto, es como si me hubiese caído de un sueño. La farola, de pronto, es mi recuerdo de una infancia feliz.››</p>
<p>Escrito por <strong>Juan Bautista Durán</strong></p>
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