<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Editorial Comba | </title>
	<atom:link href="https://editorialcomba.com/tag/juan-carlos-onetti/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://editorialcomba.com</link>
	<description>Editorial independiente de letras hispánicas</description>
	<lastBuildDate>Sun, 30 Aug 2020 14:03:00 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=6.9.4</generator>

<image>
	<url>https://editorialcomba.com/wp-content/uploads/2014/02/cropped-logo_c_comba-32x32.png</url>
	<title>Editorial Comba | </title>
	<link>https://editorialcomba.com</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>La piel del otro</title>
		<link>https://editorialcomba.com/blog/la-piel-del-otro/</link>
					<comments>https://editorialcomba.com/blog/la-piel-del-otro/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan Bautista Duran]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 19 Apr 2015 20:34:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[al compas]]></category>
		<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Méndez]]></category>
		<category><![CDATA[Andrea Jeftanovic]]></category>
		<category><![CDATA[Eduardo Lago]]></category>
		<category><![CDATA[escritores]]></category>
		<category><![CDATA[Gesualdo Bufalino]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Carlos Onetti]]></category>
		<category><![CDATA[letras hispanas]]></category>
		<category><![CDATA[Octavio Paz]]></category>
		<category><![CDATA[Ortega y Gasset]]></category>
		<category><![CDATA[Rodrigo Fresán]]></category>
		<category><![CDATA[vocación literaria]]></category>
		<category><![CDATA[voluntad literaria]]></category>
		<category><![CDATA[Yo]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://www.editorialcomba.com/?p=740</guid>

					<description><![CDATA[Sobre los escritores dijo Rodrigo Fresán que son aquellas personas que durante la infancia aprenden a refugiarse en sus propias fantasías, en la voz de algún piadoso narrador en lugar de las voces de quienes les rodean. Es una cuestión muy latente esta del momento en que un escritor empieza a serlo, seguida de su misma condición. ¿Qué es un escritor? Aparece lo mismo en sesudos ensayos que en debates de poca monta, ya no tanto en prensa, quizá, como al calor de la barra de un bar, entre canciones trilladas e ilusiones sazonadas.
La fuerza del yo es la que determina la vocación literaria, aunque ese yo, por más paralelismos que tenga con la infancia, no tiene por qué darse entonces. No son pocos los escritores cuya vocación se confirmó más adelante, en edades incluso maduras —Eduardo Lago, Gesualdo Bufalino, Alberto Méndez—, y no por ello su creación es menos imaginativa ni se resiente de la espontaneidad y el brillo propios de las edades mancebas. El hombre es imaginación y deseo, pero también, como repitió infinitas veces Ortega y Gasset, él mismo y sus circunstancias, que son al fin las que dan más o menos cancha a sus apetencias.						]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Sobre los escritores dijo Rodrigo Fresán que son aquellas personas que durante la infancia aprenden a refugiarse en sus propias fantasías, en la voz de algún piadoso narrador en lugar de las voces de quienes les rodean. Es una cuestión muy latente esta del momento en que un escritor empieza a serlo, seguida de su misma condición. ¿Qué es un escritor? Aparece lo mismo en sesudos ensayos que en debates de poca monta, ya no tanto en prensa, quizá, como al calor de la barra de un bar, entre canciones trilladas e ilusiones sazonadas.</p>
<p>La fuerza del yo es la que determina la vocación literaria, aunque ese yo, por más paralelismos que tenga con la infancia, no tiene por qué darse entonces. No son pocos los escritores cuya vocación se confirmó más adelante, en edades incluso maduras —Eduardo Lago, Gesualdo Bufalino, Alberto Méndez—, y no por ello su creación es menos imaginativa ni se resiente de la espontaneidad y el brillo propios de las edades mancebas. El hombre es imaginación y deseo, pero también, como repitió infinitas veces Ortega y Gasset, él mismo y sus circunstancias, que son al fin las que dan más o menos cancha a sus apetencias.</p>
<p>El verdadero escritor surge ahí donde parece que no hay nada ni nadie, en la última frontera, en palabras de Octavio Paz, con un discurso, ya sea narrativo o poético, que rompe los moldes preestablecidos sin importarle demasiado en qué grado los suyos van a adaptarse. El propio Fresán es un ejemplo de escritor ubicado en un confín, con una obra que bebe en mayor medida de otra tradición, la norteamericana, pero se inserta en las letras hispanas, para alegría o disgusto de quienes se hayan adentrado en sus páginas. A cada libro da un paso más en busca de esa frontera ficticia que lo defina y consagre. ‹‹Quien cree en el amor —decía en uno de sus primeros títulos— está capacitado para creer en cualquier cosa.›› Motivos como éste son a la postre los que determinan la trayectoria de un autor (lo mismo sirve esto para cualquier otra arte) y marcan la frontera en que va a ubicarse, el espacio en torno al cual va a crear su imaginario.</p>
<p>Más que la infancia, a la hora de urdir los primeros pasos de un escritor tiene un peso significativo la juventud y su inherente disconformidad. También la mentira, por supuesto, elemento de lo más creativo. Ya lo dijo Onetti, aunque en otras palabras: ‹‹empecé a escribir cuando tomé conciencia de la mentira››. El caso de Onetti es el de un autor que desde muy pronto fue escritor, a su manera, claro está, gracias a unos diarios personales en los que nada era verdad y se divertía leyéndoselos a su hermana. El entorno del escritor en su primera juventud, tanto físico como social, es clave para su obra posterior. Por lejos que se vaya o mucho que quiera disimularlo, de ese entorno inicial dependerá su capacidad para creer en el amor, siguiendo con la cita de Fresán, y de ahí su voluntad literaria derivará hacia uno u otro lado.</p>
<p>Lo que no está nada claro, sin embargo, es la sentencia tan socorrida de que cada escritor escribe el libro que quisiera leer. Esta idea se confunde con el hecho de que todo autor se inmiscuye en una historia porque quiere, en primer lugar, encontrar y sacar algo de ella, y en segundo lugar, a poder ser, transmitir ese conocimiento a terceros. Pero no para ser el lector ideal del libro, sería absurdo. No es cuestión de ponerse con la escritura de un libro que nos vaya a dar rabia o náuseas leer, esto es obvio, pero de ahí a ser el lector ideal hay un trecho. La literatura debe hallarse en un punto intermedio, muy cerca del autor, sí, en las entrañas mismas, pero lejos de su ego; es decir, ahí donde uno habla de su aldea de tal manera que cualquier lector pueda ver en ella un reflejo de la suya.</p>
<p>El escritor dará forma a su imaginario, ésta es su labor, y para ello miente y falsea cuanto la verosimilitud le permite. Acude también al encuentro de numerosos personajes, a veces demasiados, salidos unos de la barra de un bar y otros de las regiones más íntimas, pero todos responden a la necesidad final de ser otra persona. Una, dos, tres o las que hagan falta. ‹‹Me interesa la literatura como posibilidad de ser otro››, dice Andrea Jeftanovic, y éste es el punto en que el escritor se hace, cuando ya no sólo se trata de llevar la contraria, sino de ponerse en la piel del otro.</p>
<p>Escrito por <strong>Juan Bautista Durán</strong></p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://editorialcomba.com/blog/la-piel-del-otro/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Vidas ajenas</title>
		<link>https://editorialcomba.com/blog/vidas-ajenas/</link>
					<comments>https://editorialcomba.com/blog/vidas-ajenas/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan Bautista Duran]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 16 Jan 2015 17:57:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[al compas]]></category>
		<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[blogo]]></category>
		<category><![CDATA[Avenida de Mayo]]></category>
		<category><![CDATA[Barcelona]]></category>
		<category><![CDATA[Buenos Aires]]></category>
		<category><![CDATA[Calle Rosellón]]></category>
		<category><![CDATA[Diagonal]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Carlos Onetti]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://www.editorialcomba.com/?p=512</guid>

					<description><![CDATA[Basta con salir a la calle para desentumecerse, escampar cavilaciones y entretener la mirada en algún rostro bonito o en cualquier cerdo de la piara. No están las cosas para desperdiciar anécdotas ni motivos literarios, aunque a la postre sirva para esto, para alimentar un blog de letras más dado al juego que al excremento. Salir a la calle, en este sentido, tiene que ver con la necesidad, con un estilo que es a las letras lo que el patadón al fútbol y que tanto cuesta meter en vereda: que después del patadón la pelota siga en juego, sin interrupción, y que todas las personas que andan por la calle y por tanto la forman quepan en el relato, sin uso de calzador.
Lo intentó Juan Carlos Onetti en Avenida de Mayo – Diagonal – Avenida de Mayo, un relato que da cuenta del lado más bonaerense de Onetti y sólo pueden entender los ciudadanos de la capital argentina. Quien no la haya vivido, no podrá apreciar al cien por cien la voluntad de Onetti en esta narración. La calle es una manera de acercarse al movimiento y de ver en los pasos de los demás la propia quietud, la condición de espectadores que nos separa siempre, ficción mediante, de las vidas ajenas. Un señor que fuma un pitillo junto a la puerta de un establecimiento, una muchacha con mallas negras y zapatillas deportivas que anda deprisa, dos señoras que charlan agarradas a sus bolsos de algo que parece preocuparles, un hombre de mediana edad que habla a grito pelado. Podría estar este hombre en la Avenida de Mayo de Onetti, pero no, esto es Barcelona, la calle de Rosellón, y no sería lo mismo aunque los síntomas fueran iguales.						]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Basta con salir a la calle para desentumecerse, escampar cavilaciones y entretener la mirada en algún rostro bonito o en cualquier cerdo de la piara. No están las cosas para desperdiciar anécdotas ni motivos literarios, aunque a la postre sirva para esto, para alimentar un blog de letras más dado al juego que al excremento. Salir a la calle, en este sentido, tiene que ver con la necesidad, con un estilo que es a las letras lo que el patadón al fútbol y que tanto cuesta meter en vereda: que después del patadón la pelota siga en juego, sin interrupción, y que todas las personas que andan por la calle y por tanto la forman quepan en el relato, sin uso de calzador.</p>
<p>Lo intentó Juan Carlos Onetti en <em>Avenida de Mayo – Diagonal – Avenida de Mayo</em>, un relato que da cuenta del lado más bonaerense de Onetti y sólo pueden entender los ciudadanos de la capital argentina. Quien no la haya vivido, no podrá apreciar al cien por cien la voluntad de Onetti en esta narración. La calle es una manera de acercarse al movimiento y de ver en los pasos de los demás la propia quietud, la condición de espectadores que nos separa siempre, ficción mediante, de las vidas ajenas. Un señor que fuma un pitillo junto a la puerta de un establecimiento, una muchacha con mallas negras y zapatillas deportivas que anda deprisa, dos señoras que charlan agarradas a sus bolsos de algo que parece preocuparles, un hombre de mediana edad que habla a grito pelado. Podría estar este hombre en la Avenida de Mayo de Onetti, pero no, esto es Barcelona, la calle de Rosellón, y no sería lo mismo aunque los síntomas fueran iguales.</p>
<p>‹‹Tengan cuidado —dice—, en la tienda hay una polla suelta, no se la metan en el culo.›› De un lado a otro de la acera, el hombre repite y repite su advertencia según se lía un canuto con una mano y articula gestos obscenos con la otra. A la muchacha de las mallas negras le dedica los gestos, pero no a las dos señoras, quienes tienen que sortearlo y continúan a lo suyo, hasta que al fin se dan la vuelta, miran al hombre y se preguntan de qué tienda estará hablando. De ninguna, señoras…, pudo decirles el señor que fuma el pitillo, cuyos ojos también se fueron tras las mallas negras de la muchacha que anda deprisa y quizá pretenda correr pero ya no puede más. A saber de dónde viene. Sigue por la calle de Rosellón, tuerce en Balmes y tras su estela aparecen nuevas personas que se topan igual con el hombre del canuto. ‹‹Tengan cuidado… polla suelta… culo.››</p>
<p>Lo importante es la cara, y sin embargo nadie se fija en ella, atento todo el mundo al meneo de sus manos, ahora con el canuto ya liado. Bocanada de humo va… Apenas escampa el humo, surge ahí un rostro de mirada encendida e inquieta, barba hasta los carrillos, manchas negras en la frente y pelo rizado, más bien largo. En la cara está la razón de sus gestos, de su incontenible actividad y de sus palabras, de esa ilógica advertencia. ¿Una polla suelta en la tienda? ‹‹Tengan cuidado, no se la vayan a meter en el culo.›› ¿Acaso será la suya? Qué ideas, por favor, las de este pobre espectador.</p>
<p>Cuesta mucho distinguir a qué tienda se refiere y por tanto dónde está el peligro para los transeúntes, que lo miran a él, las manos, los pies, las ropas…, y aunque quieran alejarse, como el hombre está en constante movimiento, casi siempre se topan con él. Entonces se ríe, increpa, se lleva el canuto a la boca y se sacude la mano de manera provocativa, lo que causa gestos de asco en la gente.</p>
<p>Hay más muchachas que andan deprisa, señoras que conversan de temas importantes, señores con maletín y corbata, sin maletín pero con corbata, y a la inversa, otro que fuma un pitillo junto a la puerta de un establecimiento y uno que se acerca al hombre y lo llama por su nombre, o por un nombre que podría ser el suyo, al menos, y lo mira a la cara. Se miran a la cara. Se reconocen. Se quedan embelesados al margen del estupor general, ahora que ya son dos y comparten el canuto y sueltan a la par la monserga, yendo de un lado a otro de la acera como si aquello fuera la Avenida de Mayo y estuvieran actuando a las órdenes de un fabulador, de un hipotético Onetti parado ahí, buscando en la calle un motivo que al fin es pura reacción, la de ese hombre barbudo que ya son dos y se les está poniendo cara de lo que dicen y sienten.</p>
<p>En fin, que ya están hasta la…</p>
<p>Escrito por <strong>Juan Bautista Durán</strong></p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://editorialcomba.com/blog/vidas-ajenas/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
