<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Editorial Comba | </title>
	<atom:link href="https://editorialcomba.com/tag/gonzalo-torne/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://editorialcomba.com</link>
	<description>Editorial independiente de letras hispánicas</description>
	<lastBuildDate>Sun, 30 Aug 2020 12:11:40 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=6.9.4</generator>

<image>
	<url>https://editorialcomba.com/wp-content/uploads/2014/02/cropped-logo_c_comba-32x32.png</url>
	<title>Editorial Comba | </title>
	<link>https://editorialcomba.com</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>Alto grito amarillo</title>
		<link>https://editorialcomba.com/blog/alto-grito-amarillo/</link>
					<comments>https://editorialcomba.com/blog/alto-grito-amarillo/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan Bautista Duran]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 22 Dec 2015 20:58:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[al compas]]></category>
		<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[Ana Nuño]]></category>
		<category><![CDATA[Andreu Jaume]]></category>
		<category><![CDATA[Barcelona Pipa Club]]></category>
		<category><![CDATA[Carson McCullers]]></category>
		<category><![CDATA[Chantal Maillard]]></category>
		<category><![CDATA[Colin Barrett]]></category>
		<category><![CDATA[Cristina Fernández Cubas]]></category>
		<category><![CDATA[Cristina Morales]]></category>
		<category><![CDATA[Edgardo Dobry]]></category>
		<category><![CDATA[Édouard Louis]]></category>
		<category><![CDATA[Encuentro Albor]]></category>
		<category><![CDATA[Esmeralda Berbel]]></category>
		<category><![CDATA[Fiston Mwanza]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía de lo inútil]]></category>
		<category><![CDATA[Glaciar]]></category>
		<category><![CDATA[Gonzalo Torné]]></category>
		<category><![CDATA[Ignacio Vidal-Folch]]></category>
		<category><![CDATA[Javier Pérez Andújar]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Gómez Bárcena]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Pablo Villalobos]]></category>
		<category><![CDATA[Marcos Giralt Torrente]]></category>
		<category><![CDATA[Marina Perezagua]]></category>
		<category><![CDATA[Matías Correa]]></category>
		<category><![CDATA[Octavio Paz]]></category>
		<category><![CDATA[Yannick García]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://www.editorialcomba.com/?p=1177</guid>

					<description><![CDATA[Ya van diecinueve Encuentros Albor, y parecía que nadie se había dado cuenta, sólo los que de manera directa o indirecta habían participado en los Encuentros. Al decimonoveno, sin embargo, acudió una cantidad de gente capaz de sorprender al más pintado, en la nueva ubicación del Barcelona Pipa Club (c/ Santa Eulalia, 29), espacio adecuado para este tipo de actos y para juergas de toda índole, después del ritual pipero de los socios. Ellos se reúnen en una sala privada, al fondo del fondo del local, para que nadie les pueda molestar, ni siquiera la aparición de un espontáneo con la cabeza caliente apelando a la patria y a la vulgaridad como otros apelan a la autenticidad. La diferencia es mínima, de más está decirlo, en unos gramos de equis o en una copa de más. El espontáneo tomó el escenario tras la lectura de Marina Perezagua para reclamar la atención que merecía su hermano, presente en el acto y autor del texto que el susodicho echó a leer.
Pasada la broma inicial, la astracanada tomó unos tintes violentos, al punto de que varios presentes tuvieron que intervenir con tal de que el acto pudiera desarrollarse conforme estaba previsto. En primer lugar, leyó el autor de origen congoleño Fiston Mwanza, seguido de Marina Perezagua, cuya novela Yoro tiene bastante que ver con el Congo, y finalmente Juan Pablo Villalobos, autor mexicano que supo tomar con humor la intervención del espontáneo. ¿Cómo hacer frente a la lectura en público de los escritores?, dijo al subirse al escenario, con una clara voluntad de quitarle hierro a la astracanada previa, a la locura del espontáneo, reducido al final contra una pared a manos de otros escritores salvajes. ¿Algún policía en la sala? No, la lectura no está llegando tan lejos, sólo en parte, en la medida en que un joven de no más de veinticinco años puede interrumpir un acto literario para reclamar la atención que su hermano merece, escondido éste en un rincón del Pipa Club, incapaz de decir esta opereta es mía. Gran lección para él, ante un público a todas luces neutral, el ridículo de su hermano en pos de un texto trufado de banalidades y lugares comunes, que se multiplicaban e incendiaban a cada momento, cuando la gente estaba pidiendo orden, que se retirara, que permitiera el correcto desarrollo del Albor. ¿Algún policía en la sala? A falta de las fuerzas armadas, buenos son los hombres de letras.						]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Ya van diecinueve Encuentros Albor, y parecía que nadie se había dado cuenta, sólo los que de manera directa o indirecta habían participado en los Encuentros. Al decimonoveno, sin embargo, acudió una cantidad de gente capaz de sorprender al más pintado, en la nueva ubicación del Barcelona Pipa Club (c/ Santa Eulalia, 29), espacio adecuado para este tipo de actos y para juergas de toda índole, después del ritual pipero de los socios. Ellos se reúnen en una sala privada, al fondo del fondo del local, para que nadie les pueda molestar, ni siquiera la aparición de un espontáneo con la cabeza caliente apelando a la patria y a la vulgaridad como otros apelan a la autenticidad. La diferencia es mínima, de más está decirlo, en unos gramos de equis o en una copa de más. El espontáneo tomó el escenario tras la lectura de Marina Perezagua para reclamar la atención que merecía su hermano, presente en el acto y autor del texto que el susodicho echó a leer.</p>
<p>Pasada la broma inicial, la astracanada tomó unos tintes violentos, al punto de que varios presentes tuvieron que intervenir con tal de que el acto pudiera desarrollarse conforme estaba previsto. En primer lugar, leyó el autor de origen congoleño Fiston Mwanza, seguido de Marina Perezagua, cuya novela <em>Yoro</em> tiene bastante que ver con el Congo, y finalmente Juan Pablo Villalobos, autor mexicano que supo tomar con humor la intervención del espontáneo. ¿Cómo hacer frente a la lectura en público de los escritores?, dijo al subirse al escenario, con una clara voluntad de quitarle hierro a la astracanada previa, a la locura del espontáneo, reducido al final contra una pared a manos de otros escritores salvajes. ¿Algún policía en la sala? No, la lectura no está llegando tan lejos, sólo en parte, en la medida en que un joven de no más de veinticinco años puede interrumpir un acto literario para reclamar la atención que su hermano merece, escondido éste en un rincón del Pipa Club, incapaz de decir esta opereta es mía. Gran lección para él, ante un público a todas luces neutral, el ridículo de su hermano en pos de un texto trufado de banalidades y lugares comunes, que se multiplicaban e incendiaban a cada momento, cuando la gente estaba pidiendo orden, que se retirara, que permitiera el correcto desarrollo del Albor. ¿Algún policía en la sala? A falta de las fuerzas armadas, buenos son los hombres de letras.</p>
<p>Nada tenía que ver el espontáneo con los Albor, encuentros organizados por la agente literaria Sandra Pareja donde se intenta dar voz tanto a autores reconocidos como a autores minoritarios, de modo que sus textos convivan y puedan nutrirse unos de otros. Impresionante fue en este decimonoveno Albor la lectura de Fiston Mwanza, puro vigor y pasión, interesante la de Perezagua y divertida la de Villalobos.</p>
<p>‹‹Y como no había manera de desmentirlos, los rumores crecieron en esplendor y realidad: cada hombre transformó el mundo en aquello que deseaba que fuese.›› La cita, de la escritora estadounidense Carson McCullers, es el lema que Pareja usó para este Albor. Sirve para el proyecto en sí, en verdad, cuya voluntad radica en dar relevancia a voces tanto poéticas como narrativas, con tal de crear un imaginario lo más ajustado posible a su idea del mundo. Los primeros Encuentros tuvieron lugar en el Glaciar, antiguo bar de la Plaza Real donde antaño se dieron los primeros premios Nadal de novela, y a partir del cuarto en el Barcelona Pipa Club, entonces sito también en la Plaza Real, lugar entrañable pero demasiado clandestino para seguir organizando cualquier tipo de actividad social. Por ahí pasaron autores de la talla de Javier Pérez Andújar, Gonzalo Torné, Chantal Maillard, Ana Nuño o Ignacio Vidal-Folch, entre otros, a quienes Pareja convenció para alumbrar ese rincón umbrío de la literatura, donde se lee por leer, por el mero placer de escuchar el sonido de las letras y de saberse escuchado, de tener un público y ver en su rostro el efecto de la lectura. Para eso hace falta alguien que tome las letras por amor al arte y sepa ver un diálogo en la diversidad creativa.</p>
<p>En el decimoséptimo Albor, por ejemplo, Matías Correa leyó un fragmento de <em>Geografía de lo inútil</em>, acompañado por el autor irlandés Colin Barrett y por Cristina Fernández Cubas, dama del cuento español, tan receptiva y astuta que habría sido capaz de convencer al espontáneo de turno para que leyera hasta extenuarse, hasta que nadie lo aguantara y se quedara afónico, consumido el físico por la voz, más raquítico a cada párrafo, a cada línea y a cada palabra, pero convencido de que leer en los Encuentros Albor es un privilegio al que sólo unos pocos tienen acceso. Entre ellos se cuentan, además de los ya citados, Marcos Giralt Torrente, Cristina Morales, Juan Gómez Bárcena, Andreu Jaume, Edgardo Dobry, Édouard Louis, Yannick García, Esmeralda Berbel…, nombres a los que el espontáneo quería añadir el de su hermano, con un texto rabioso y subversivo, de palabrotas ensangrentadas, poco inteligente para un marco que promueve la afinidad y devoción hacia la lectura. Los Encuentros Albor irradian un alto y sano grito amarillo, como diría Octavio Paz, una historia que trepa las páginas y se extiende.</p>
<p>Escrito por <strong>Juan Bautista Durán</strong></p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://editorialcomba.com/blog/alto-grito-amarillo/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Santas redes</title>
		<link>https://editorialcomba.com/blog/santas-redes/</link>
					<comments>https://editorialcomba.com/blog/santas-redes/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan Bautista Duran]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 Nov 2015 21:39:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[al compas]]></category>
		<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[André Gide]]></category>
		<category><![CDATA[Biblia]]></category>
		<category><![CDATA[Facebook]]></category>
		<category><![CDATA[Gonzalo Torné]]></category>
		<category><![CDATA[Google+]]></category>
		<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[Instagram]]></category>
		<category><![CDATA[Linkedin]]></category>
		<category><![CDATA[premio Nobel]]></category>
		<category><![CDATA[redes sociales]]></category>
		<category><![CDATA[Twitter]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://www.editorialcomba.com/?p=1034</guid>

					<description><![CDATA[Lo más divertido de las redes sociales no es tanto el contenido cuanto el efecto que ejercen en las personas, y nadie se salva —o apenas nadie—, por más que algunos den en el perfil contrario al que se supone. Quien no tiene una cuenta en Facebook, la tiene en Twitter, en Google+, en Instagram o en Linkedin, si no en otras de menor relevancia, fáciles por tanto de combinar con éstas, que a su vez son combinables. Lo que está en Facebook, por ejemplo, se anuncia en Twitter y se muestra en Instagram. Pueden ser citas de los más grandes pensadores o literatos —‹‹Lo más profundo que posee el hombre es su piel››, André Gide—, pero al final su valor radicará en la presentación, el espacio, la manera en que dicha cita vaya envuelta. Una foto de Gide ya mayor, de la época en que le dieron el Nobel, quizá sea preferible para el caso a una de cuando era joven y realizaba viajes a las regiones más inhóspitas del ser humano. ¿A su piel? El aspecto bien parecido que tenía en aquel entonces daría a la sentencia un tono, más que a boutade, altisonante. Hay que acompasar palabra e imagen, ahí está el quid de las redes sociales, cada una con sus prioridades —palabra o imagen—, para que la gente dé cuenta de su garbo o de su torpeza, y luego, lo que es mejor, encuentre simpatías ajenas. ‹‹Pues yo me desvivo por tus carnes››, capaz de responder alguno.
Se pueden soltar también mensajes revolucionarios, tipo ‹‹a quemar las banderas››, para al cabo poner otras, claro está, inevitable repetición humana, y ese mensaje, según esté puesto, alcanzará un eco que ya quisiera para sí cualquier político o literato con ansias de poder. No se puede ignorar la fuerza de estos medios, y es que sus usuarios se cuentan en miles de millones. Tienen acceso en el trabajo, en casa, en el móvil… Es decir, en todas partes. Y andan por la calle con la atención fija en la pantallita del móvil, revisando las actualizaciones como antaño el misal.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Lo más divertido de las redes sociales no es tanto el contenido cuanto el efecto que ejercen en las personas, y nadie se salva —o apenas nadie—, por más que algunos den en el perfil contrario al que se supone. Quien no tiene una cuenta en Facebook, la tiene en Twitter, en Google+, en Instagram o en Linkedin, si no en otras de menor relevancia, fáciles por tanto de combinar con éstas, que a su vez son combinables. Lo que está en Facebook, por ejemplo, se anuncia en Twitter y se muestra en Instagram. Pueden ser citas de los más grandes pensadores o literatos —‹‹Lo más profundo que posee el hombre es su piel››, André Gide—, pero al final su valor radicará en la presentación, el espacio, la manera en que dicha cita vaya envuelta. Una foto de Gide ya mayor, de la época en que le dieron el Nobel, quizá sea preferible para el caso a una de cuando era joven y realizaba viajes a las regiones más inhóspitas del ser humano. ¿A su piel? El aspecto bien parecido que tenía en aquel entonces daría a la sentencia un tono, más que a <em>boutade</em>, altisonante. Hay que acompasar palabra e imagen, ahí está el quid de las redes sociales, cada una con sus prioridades —palabra o imagen—, para que la gente dé cuenta de su garbo o de su torpeza, y luego, lo que es mejor, encuentre simpatías ajenas. ‹‹Pues yo me desvivo por tus carnes››, capaz de responder alguno.</p>
<p>Se pueden soltar también mensajes revolucionarios, tipo ‹‹a quemar las banderas››, para al cabo poner otras, claro está, inevitable repetición humana, y ese mensaje, según esté puesto, alcanzará un eco que ya quisiera para sí cualquier político o literato con ansias de poder. No se puede ignorar la fuerza de estos medios, y es que sus usuarios se cuentan en miles de millones. Tienen acceso en el trabajo, en casa, en el móvil… Es decir, en todas partes. Y andan por la calle con la atención fija en la pantallita del móvil, revisando las actualizaciones como antaño el misal.</p>
<p>Cualquier nueva forma de conectarse a través del móvil recibe el nombre de aplicación, y cada una es como un nuevo testamento, según a quien apele: los restaurantes, las casas de apuestas, las editoriales, los burdeles o los bancos, por no seguir con la enumeración. Las redes sociales representan a menudo una forma de convivir con el desprestigiado pecado. Ya está tardando la Iglesia Católica, de hecho, en sacar una aplicación completa, con el viejo y el nuevo testamento y los cuatro evangelios, capaz también de dar misa y de recibir la confesión de sus feligreses, con el debido perdón o castigo, según se tercie. Ahí es donde la aplicación mostrará su valor, a la hora de dirimir la enjundia del pecado. ¿Perdonaría a la Editorial Comba por hablar en vano —supuestamente—de la Iglesia? Una buena aplicación sabría castigar esos pecados verbales y perdonar los fraudes, la lascivia y el juego, debilidades tan inherentes al ser humano y propias del poder. Para eso, la aplicación debería estar bien conectada a Linkedin, donde el valor de cada uno se mide en los cargos alcanzados.</p>
<p>El dominio global que las redes sociales alcanzaron es similar al que la Iglesia Católica viene persiguiendo secularmente en nombre del Santísimo. No, no lo nombraremos en vano, pero esta actual omnipresencia es lo más cercano a la idea que teníamos de Él. La Iglesia desearía que, en vez de citas literarias o comentarios zafios, lo que más peso tuviera fueran pasajes de la Biblia, esto es evidente, y su puesta en común, además —la visión del desierto en cada uno, etcétera, con sus múltiples lecturas y reacciones—, permitiría una rápida detección de herejes, con sólo medir las palabras de cada usuario. Las redes facilitan mucho la tarea del espía, sea éste un clérigo o un novelista. Dan cuenta de nuestra existencia, y cualquier persona que se proponga alcanzar cierta difusión o notoriedad, por tanto, habrá de estar en alguna de ellas. Lo ponía de manifiesto en su página semanal el escritor español Gonzalo Torné, al preguntarse de qué pueden servirle a un novelista las redes sociales, y en particular, Twitter. La novela, decía, suele ser una condensación subjetiva del mundo, y en Twitter, seguía más adelante, el autor podrá contrarrestar un sinfín de opiniones e impresiones que enriquezcan su texto. La gente saca ahí su vida a relucir; expone su lado más íntimo y visceral, esto es, como en un discurso interior donde todo cabe y se mezcla y se amplifica. Lo más profundo que posee el hombre ya no es, como decía Gide, su piel, sino su perfil en las Santas Redes.</p>
<p>Escrito por <strong>Juan Bautista Durán</strong></p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://editorialcomba.com/blog/santas-redes/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
