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	<title>Editorial Comba | </title>
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	<description>Editorial independiente de letras hispánicas</description>
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	<title>Editorial Comba | </title>
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		<title>Agenda</title>
		<link>https://editorialcomba.com/blog/agenda/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan Bautista Duran]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 31 Aug 2025 08:50:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[al compas]]></category>
		<category><![CDATA[blog]]></category>
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					<description><![CDATA[Como una de las cosas que más cansancio genera es la dispersión, no estar centrados en una única y certera tarea —a poder ser real—, vayamos a lo nuestro, es decir, a la agenda de Comba para otoño.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Juan Bautista Durán</p>
<p>Pasa el verano y con él sus alegrías y sus horrores, que no fueron pocos este año, con el asfixiante calor y la fuerza de las llamas en la España centro y noroccidental. Desde estas líneas, mal que sean simples palabras, mandamos todo nuestro apoyo a la población afectada. Debe abrirse ahora una agenda que imaginamos ingente y de muy largo alcance para la recuperación de los territorios arrasados, una agenda que sea eficaz y sirva —además— como mínima reparación al bochorno político que la ciudadanía hubo de presenciar mientras las llamas devoraban campos, bosques e incluso pueblos. Lo peor acaso sea que tal bochorno lo estamos normalizando con nuestra clase dirigente.</p>
<p>No suele tener este blog un tono político, y de ser así es por cuestiones afines a esa entelequia llamada cultura, la cual, por otra parte, carga con su propio fuego. Demasiado a menudo vemos cómo se emplea cual escudo o mero eufemismo para ocultar intereses arteros. «Es lo que queda después de haber olvidado lo que se aprendió», dijo André Maurois de la cultura, en una definición tan acertada como ambigua. También la agenda es un eufemismo, mucho más que ese objeto con el que nos enseñaron a organizar nuestras tareas en el colegio. Es tiempo, los días que pasan y los que están por venir; es obligación y voluntad de hacer algo, y por lo tanto es igual preocupación e ilusión; es recuerdo, la memoria de cuanto hicimos en los meses anteriores e incluso la imagen de los pupitres del colegio; pero, sobre todo, al hablar de agenda hablamos de un futuro marcado.</p>
<p>En esta web tuvimos en los primeros años una pestaña así llamada, «agenda», pestaña que hubo que eliminar pues no se correspondía con el signo de los tiempos a los que estábamos accediendo. La instauración de las redes sociales y de las aplicaciones en los móviles habría de cambiar, entre otras tantas cosas, el modo de manejarnos con la agenda. Y lo que nos espera. Si bien es fácil pensar en las grandes libretas en las que todo quisque anotaba antaño sus obligaciones, cuesta más figurarse la manera en que dentro de unos años vamos a visualizar nuestros quehaceres. Ya son muchos los que hoy fían su orden diario a los aparatos electrónicos, tan versátil y veloz la tecnología que no deja de sorprendernos con sus avances.</p>
<p>Desde su boletín semanal, Jorge Carrión nos informa de que este verano la agenda de «la ciencia y la tecnología proseguía con su avance apisonador». Destaca que «el 25 de junio DeepMind dio a conocer AlphaGenome, la inteligencia artificial que se propone interpretar lo que hacen el 98% de los genes, conocidos como materia oscura genética o ADN basura, que en realidad tienen la clave de todo», y que en agosto llegó «el GPT-5, que redacta todavía mejor que el 4 y casi escribe literatura». Habla de nuevas fronteras del conocimiento, de las cuales viene convirtiéndose desde la escritura en su vocero mejor informado.</p>
<p>Con la inteligencia artificial, según recoge del ensayo de Daniel Innerarity <em>Una teoría crítica de la inteligencia artificial</em>, la información fluye desde el futuro al presente y no desde el pasado al presente, como hasta ahora. Si el concepto ya es llamativo en sí, lo es más todavía si tenemos en cuenta que desde la crisis financiera del 2008 y hasta anteayer se hablaba de la ausencia de futuro como uno de los problemas de las nuevas generaciones. ¿Vamos a recibir información pues de algo que se nos está vetando? Hay que profundizar más en esta idea, en caso de tener sustento, porque así dicha no sólo suena críptica, sino fea, muy fea.</p>
<p>Y como una de las cosas que más cansancio genera es la dispersión, no estar centrados en una única y certera tarea —a poder ser real—, vayamos a lo nuestro, es decir, a la agenda de Comba para otoño. En septiembre va a salir una de las novedades más esperadas del año, <em>La puerta de la felicidad</em>, el nuevo libro de cuentos del narrador colombiano Luis Noriega tras <em>Razones para desconfiar de sus vecinos</em>, obra merecedora en 2016 del prestigioso Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez. En octubre y en coedición con la editorial vallisoletana Lastarria &amp; De Mora, llega el ensayo <em>José María Arguedas: un escritor de culto</em>, del ensayista y antropólogo peruano Gabriel Arriarán, quien nos visitará a finales del mismo mes para la promoción del libro. En esas fechas recibiremos también desde Perú a Ximena López Bustamante para la promoción de <em>Sombra celeste</em>, poemario que desde su publicación en abril viene recibiendo numerosos elogios.</p>
<p>La visita de los autores peruanos, junto con la promoción de <em>La puerta de la felicidad</em> y de otros títulos recientes como <em>El chico que ganaba todos los premios</em>, de Miguel Á. González, nos llevará a Sabadell, Madrid o Valladolid, pasando incluso por Ginebra, nuevo horizonte para Ernesto Escobar Ulloa y su novela. Vayamos con un desglose de los actos confirmados a día de hoy, de los cuales daremos debida cuenta a través de nuestras redes sociales según se acerquen las fechas:</p>
<ul>
<li>Martes 30 de septiembre en Librería Albatros, Ginebra: presentación de <em>Horizonte tardío</em>, de Ernesto Escobar Ulloa, acompañado por Belinda Palacios.</li>
<li>Sábado 18 de octubre en Librerío de la Plata, Sabadell: «Nuevos horizontes de la literatura peruana», con Ximena López Bustamante y Ernesto Escobar Ulloa.</li>
<li>Miércoles 22 de octubre en Casa Amèrica Catalunya, Barcelona: «Cuento y poesía: influencias y confluencias», con Luis Noriega y Ximena López Bustamante.</li>
<li>Sábado 25 de octubre en Animal Sospechoso, Barcelona: recital de poesía, con Ximena López Bustamante y otros poetas.</li>
<li>Martes 28 de octubre en Casa América, Madrid: dentro del IV Encuentro LAT, comprendido entre los días 27 y 29, participación en las mesas respectivas de Ximena López Bustamante, Gabriel Arriarán y Luis Noriega, por este orden.</li>
<li>Jueves 30 de octubre en Terán Libros, Madrid: presentación de <em>El chico que ganaba todos los premios</em>, de Miguel Á. González.</li>
<li>Miércoles 5 de noviembre en Universidad de Valladolid: ponencia de Gabriel Arriarán sobre literatura y antropología a partir de su ensayo <em>José María Arguedas: un escritor de culto</em>.</li>
</ul>
<p>Éste es, desde nuestra humilde inteligencia cerebral, todo el futuro que hoy somos capaces de adelantar, pendientes de otros posibles actos. Confiamos en que se cumpla sin complicaciones ni incidentes que puedan sacudir eso que damos en llamar «agenda».</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Diez años en el horizonte</title>
		<link>https://editorialcomba.com/blog/diez-anios-en-el-horizonte/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan Bautista Duran]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Apr 2024 08:54:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[al compas]]></category>
		<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[Ernesto Escobar Ulloa]]></category>
		<category><![CDATA[Esmeralda Berbel]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Bautista Durán]]></category>
		<category><![CDATA[novela]]></category>
		<category><![CDATA[primavera]]></category>
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					<description><![CDATA[Esta primavera Comba cumple diez años desde su irrupción en el panorama editorial español, con las que fueron sus dos primeras novedades, publicadas: Las semillas de Urano, del poeta chileno Tomás Browne, y La raya oscura, del controvertido narrador y ensayista español Segundo Serrano Poncela.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p></p>



<p>Por Juan Bautista Durán</p>



<p></p>



<p>Esta primavera Comba cumple diez años desde su irrupción en el panorama editorial español, con las que fueron sus dos primeras novedades: <em>Las semillas de Urano</em>, del poeta chileno Tomás Browne, y <em>La raya oscura</em>, del narrador y ensayista español Segundo Serrano Poncela.</p>



<p>Fueron años de inquietud y sostenida agitación cultural ante la deriva que los tiempos llevaban, en los que surgieron otros ellos independientes y algunas librerías también independientes, o como haya que llamarlas, siendo éste un término tan trillado y cuando menos sospechoso para amparar cualquier buena causa. Eran proyectos, y lo son algunos todavía, que coincidían en la voluntad de aportar aire nuevo a la actualidad literaria lo mismo que a las librerías y sus expositores, muy marcadas por las férreas normas de los grandes grupos. Alguna tesis universitaria habrá en años próximos que analice y estudie este fenómeno: cómo en la segunda década del siglo XXI —ensanchando más o menos los límites— tuvo lugar en España una renovación y ampliación del marco editorial y literario como no se había visto desde el tardofranquismo, es decir, desde los años sesenta. Estamos hablando por tanto de medio siglo de diferencia, con los cambios sociales que entre un momento y otro acontecieron.</p>



<p>Si las editoriales nacidas en esos años son bastantes, no lo son menos, por suerte, las librerías. Llaman la atención los nombres dizque contestatarios que algunas tienen, y no por inapropiados, sino por el sentimiento de ocaso bajo el que surgieron y su voluntad de hundirse con la era Gutenberg si no había otro remedio; pero luchando, dando la cara por el libro. En esta línea están, por citar sólo cuatro, la librería Tipos Infames en Madrid; Letras Corsarias en Salamanca; Nollegiu y Fahrenheit 451 en Barcelona. En los cuatro casos evitaron los nombres solemnes o neutrales, incluso fácticos, a los que se suelen acoger las librerías, para mostrar un punto rebelde y aun provocador. Por un lado parecen advertir de los riesgos de no leer —infamia, incendios, batallas— y por el otro hacen un llamado juguetón, como diciendo «leer mola». La madrileña Tipos Infames tiene un apéndice además donde se lee «Libros y vinos», excelente combinación, un maridaje no oficial que sin embargo es por todos conocido, tanto para disfrutar de la lectura como para incitar a ella.</p>



<p>A esta primavera Comba llega con un catálogo próximo a los sesenta títulos y dos novedades muy representativas de la casa: <em>Horizonte tardío</em>, novela del escritor peruano Ernesto Escobar Ulloa, su segundo título en Comba tras <em>Salvo el poder</em> (2015); y <em>Así es el juego</em>, los cuentos reunidos de Esmeralda Berbel, cuarto título de la autora barcelonesa en el catálogo, los cuatro en un género distinto (<em>Detrás y delante de los puentes</em>, novela, 2016; <em>Irse</em>, diario novelado, 2018; <em>Habitarlo todo</em>, poesía, 2021; <em>Así es el juego</em>, cuentos, 2024) y sin embargo urdiendo entre ellos un proyecto unitario. A esta característica se refería Itziar González en la primavera de 2021, cuando presentó el poemario de Berbel en la Documenta y fue a fijarse en las manos cóncavas y convexas de la autora, en su gesto idéntico al escribir que al abrir una puerta. «Este libro es como una bitácora y dentro hay una brújula que es su corazón», dijo González, para concluir que «su escritura es el corazón», un latido que persiste en los cuentos y llega igual al lector.</p>



<p>Muy distinto latido es el que mueve <em>Horizonte tardío</em>, primera y magistral novela de Ernesto Escobar Ulloa, un autor del que Santiago Roncagliolo dijo que gustaba de hundir las manos en el fango, y esto es lo que hace aquí, enfangarse, rebuscar en el Perú de su juventud las formas de comunicarse y salir adelante que había, tras una década de terrorismo y crisis políticas. Muestra una realidad dura y al mismo tiempo permeable, donde caben los sentimientos positivos y negativos, la locura y la sensatez, y de fondo, sobre todo, la amistad. «Lo maravilloso de escribir es escribir —dijo en la presentación—. Me gusta descubrir lo que va a suceder, entrar en el trance de la escritura.»</p>



<p>El acto tuvo lugar en la Fahrenheit 451, en su nueva ubicación frente al mercado del Born, espacio límpido y llamativo que en breve lucirá también el apéndice de «Libros y vinos», con una propuesta literaria siempre original y propia, fiel a los patrones que motivaron su apertura. En ella encontramos los libros que sobreviven al incendio de la superproducción editorial. Y <em>Horizonte tardío </em>encaja a la perfección con la propuesta de la librería. Acompañando al autor estaba un viejo compañero en el periodismo cultural, el también escritor Robert Juan Cantavella, quien hizo hincapié en el carácter oral de la novela. No es sino pasadas unas páginas cuando el lector cae en la cuenta de ello, de que toda la novela es la historia que el protagonista le cuenta a una amiga; y los distintos niveles de voces, junto con los distintos niveles diegéticos, son un prodigio que obra Escobar Ulloa para dotar a la historia de la fuerza necesaria. Es una novela generacional, de carretera, añadió Cantavella, en la que el uso del tiempo reproduce la paradoja de Aquiles y la tortuga. Apela a la fantasía, a la subjetividad temporal inherente a toda remembranza —esto es lo que hace el protagonista— y a la serie de distancias que hay que recorrer para alcanzar lo que no era sino el punto de partida. </p>



<p>La novela contiene un juego literario no menos importante, en referencia al plagio y al sentimiento de autoría, el cual no cae lejos del mundo literario de Esmeralda Berbel. Es un mismo juego. Y como reza el título de la barcelonesa, así es el juego. Para la puesta de largo de sus cuentos nos citamos de nuevo en la Documenta con sus fieles y generosos lectores, acompañada Berbel por Eduard Fernández. Puso de relieve éste la manera que tiene Berbel de llegar con la palabra al lector, lo que, si no constituye en sí mismo una genial paradoja, es algo tanto o más difícil de explicar que la de Aquiles y la tortuga o, por qué no, la travesía editorial de Comba para cumplir estos diez años saltando a las letras hispánicas.</p>



<p></p>



<p>© de la imagen: obra de Joaquín Torres García</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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		<item>
		<title>¿Por qué tanto miedo al naranja o al lápiz?</title>
		<link>https://editorialcomba.com/blog/por-que-tanto-miedo-al-naranja-o-al-lapiz/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan Bautista Duran]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 05 May 2021 11:19:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[elecciones]]></category>
		<category><![CDATA[Ernesto Escobar Ulloa]]></category>
		<category><![CDATA[Perú]]></category>
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					<description><![CDATA[El miedo a cualquiera de los dos candidatos es parte de nuestra inmadurez democrática. La sociedad movilizada peruana ya ha demostrado de lo que es capaz. Parecería que no se lo acabara de creer. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p>Por Ernesto Escobar Ulloa</p>



<p>El miedo a cualquiera de los dos candidatos es parte de nuestra inmadurez democrática.&nbsp;La sociedad movilizada peruana ya ha demostrado de lo que es capaz. Parecería que no se lo acabara de creer.&nbsp;</p>



<p>Por remontarme a uno de mis primeros recuerdos políticos, en 1987, movilizaciones de empleados bancarios (que luego apoyó Mario Vargas Llosa) acabaron con los planes de Alan García de estatizar la banca. Un Alan García socialista, vociferante y todavía harto popular.&nbsp; Cinco años después, si bien no fue el pueblo organizado, la comunidad internacional nos recordó que no estamos solos, que hay un tablero que no podemos patear: el golpe de estado de 1992, aunque tuvo un efecto devastador que aún estamos pagando, fue enmendado por la presión ejercida por la OEA, pese a que, con él, Alberto Fujimori alcanzó la cresta de su popularidad. Al acabar esa década, la Marcha de los Cuatro Suyos, si bien no derrumbó aquel régimen totalitario, lo hirió de muerte, sin que pudieran hacer nada por rescatarlo quienes habían sido su sustento: las Fuerzas Armadas, grandes empresas, la iglesia, el poder judicial y medios de comunicación. Un vídeo bastó para que se desplomara la dictadura.</p>



<p>El sistema judicial actual, con todas sus deficiencias, es el único en todo América latina que ha procesado y sentenciado a los cinco últimos presidentes, envueltos en el mayor caso corrupción del continente: Odebrecht. Sin contar que hace más de diez años Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos cumplen condenas por otros delitos. Alejandro Toledo está en vías de extradición. Los procesos de Ollanta Humala y Nadine Heredia siguen su curso, al igual que el de Pedro Pablo Kuszinksy. Keiko Fujimori ya estuvo en prisión preventiva, y actualmente se halla a la espera de un juicio de más de 13.000 folios por diversos delitos, como lavado de activos. Su partido, Fuerza Popular, está acusado por el fiscal José Domingo Pérez de ser, en verdad, una organización criminal.</p>



<p>Hace dos años, el dos veces presidente y líder del partido aprista, Alan García, acabó con su vida pegándose un tiro al verse acorralado por la justicia. &nbsp;Este noviembre pasado, el golpe de estado de Manuel Merino fue desarticulado en una semana por multitudinarias manifestaciones que se saldaron con dos víctimas mortales, los jóvenes Inti Sotelo y Bryan Pintado, convertidos hoy en día en mártires de la democracia, con una poderosa carga simbólica, que será difícil de olvidar. Es preciso recordar que dicha represión estuvo a cargo de un sector de la policía y que las Fuerzas Armadas no respondieron a las llamadas hechas desde el Palacio de Gobierno por ese presidente ilegítimo.</p>



<p>Es verdad que nos queda mucho por recorrer. El APRA y el fujimorismo, y otras fuerzas o líderes que se acercaron a su entorno de podredumbre, han pagado hoy las consecuencias. Al Fujimorismo sólo le falta la estocada final, una próxima derrota electoral podría significar su fin. Es cierto que la institucionalidad está por los suelos y que el Covid ha planteado una situación de crisis social, revelando la ausencia y la ineficacia del Estado, ya no sólo en los últimos años, sino en nuestra historia.</p>



<p>Hay señales de que la sociedad ha tomado conciencia de la necesidad de un cambio. Ésta debería ser la lectura de la primera vuelta de abril. El pueblo clama por lo básico: salud, educación, trabajo. Si seguimos sin poner freno a la desigualdad, no nos extrañe que regrese el terrorismo. Para ello no hay otro camino que políticas sociales. En otras palabras, el terror de los economistas: gasto público. No queda otra salida que una mejor redistribución de la riqueza. Estar a favor de ello no significa ser un comunista radical ni un terruco, como difunden los medios en su delirante programación. La tendencia a «terruquear» a todo aquel que desee modificar el modelo polariza la sociedad y le cierra las puertas al pluralismo político, ideológico. Tenemos que pasar página. Dejar de caer en el chantaje de la polarización. Empezar a dialogar. A tender puentes. A negociar.</p>



<p>Contar con empresas públicas no significa que vuelva el fantasma velasquista. El argumento autorracista de «esto es el Perú», «esto no es Europa», ya no vale. La corrupción está enquistada en la empresa privada igualmente y eso tampoco funciona. Lo que llaman el «modelo» es un mercantilismo corrupto que produce un monstruo llamado «brecha social» o, dicho en metálico, Sendero Luminoso, MRTA, narcotráfico y delincuencia. Si seguimos creyendo que a la delincuencia se la combate con más patrullas policiales y no con más colegios, escuelas técnicas, postas médicas, centros deportivos, bibliotecas…, es decir, oportunidades, estamos perdidos. Si seguimos creyendo que al comunismo retrógrado se le combate en contiendas electorales, pregúntele a Sendero Luminoso en qué fecha se produjo su primer atentado.</p>



<p>El libre mercado no es el problema. Quienes quieren un cambio no es que se quieran tumbar el libre mercado. Se quieren tumbar el capitalismo mercantilista. Quieren un libre mercado con gasto público, quieren un capitalismo social de mercado. Quieren transporte público de calidad, y no viajar como animales y perder tres o cuatro horas diarias. Quieren servicios sanitarios públicos de calidad, quieren colegios públicos equipados y escuelas técnicas públicas modernas, quieren pensiones con las que vivir decentemente. Para eso no queda otra que el gasto público, la creación de nuestro propio modelo de desarrollo con igualdad de oportunidades. La lectura de la primera vuelta no dice otra cosa que «no podemos esperar más, gasto público ya. Nos morimos».&nbsp;</p>



<p>Eso es Europa, eso es Noruega, Finlandia, Suecia, Dinamarca, Francia, Alemania, España…, eso es Singapur, China, Corea del Sur, Taiwán: escuelas públicas, universidades públicas, hospitales públicos, pensiones, centros cívicos, bibliotecas, polideportivos, becas, investigación. Quien quiera ir a lo privado que vaya, pero que no sea ésta la única opción ya que lo público es un desastre. Esos países tienen economías de mercado. Los cuatro tigres asiáticos pasaron de la miseria al desarrollo en menos de treinta años. Hay millones de peruanos que llevan treinta años escuchando hablar de un milagro que no acaba de llegar. Debemos aspirar a ser un país con alternancia, donde no represente sobresaltos ni una amenaza para nadie que entre la derecha o la izquierda. Para ello hacen falta acuerdos mínimos a mediano o largo plazo, en una misma dirección política respecto a los grandes temas, sanidad, economía, educación, reforma del estado, descentralización.</p>



<p>La sociedad civil tiene hoy en sus manos exigir estos acuerdos a los candidatos que pasaron a la segunda vuelta. Ambos apenas suman el veinte por ciento del total de los votos. Es decir, cuentan con el rechazo de un ochenta por ciento del país. ¿Por qué somos nosotros los que debemos tener miedo? ¿No deberían ser ellos?  ¿Se van a quedar de brazos cruzados ante los temibles atropellos los partidos de oposición y el congreso? ¿Qué hay del resto de la institucionalidad u otros agentes sociales: alcaldes, presidentes regionales, fiscalía, defensoría, ONGs, fundaciones, medios de comunicación, sindicatos, Fuerzas Armadas, empresarios, etc.? ¿Vamos a permitir que un presidente o una presidenta antipopular acabe con el sistema democrático desde uno solo de los poderes del Estado?  En lugar de verlo como una tragedia, deberíamos ver esta coyuntura como una oportunidad en la que, por fin, el poder lo tiene la ciudadanía, y que el ejecutivo nunca ha estado tan presionado como hoy para servirla.</p>



<p></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
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		<title>Los selfies son yo en forma vacía</title>
		<link>https://editorialcomba.com/blog/los-selfies/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Juan Bautista Duran]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 May 2018 14:51:18 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[El filósofo surcoreano Byung-chul Han se presentó este martes 6 de febrero en el CCCB de Barcelona.  La expectación era enorme. Su obra, traducida a una gran cantidad de lenguas, destaca por su capacidad de iluminar desde ángulos críticos la sociedad del hiperconsumo, el neoliberalismo y la era digital. Sin duda por ello se trata de uno los pensadores más influyentes del momento.
    “No sabría decir si estoy en España o en Cataluña”, empezó diciendo; y en medio de risas nerviosas y algo de barullo, añadió: “Ustedes tampoco lo saben.” Sensible a lo crispado de la coyuntura —la sala podía estar fragmentada—, matizó: “No conozco bien este país.” El país en cambio no podría decir lo mismo de él. Es uno de los filósofos contemporáneos más leídos. Como prueba: la misma sala estaba a rebosar, las entradas se habían agotado como si se tratara de un concierto de Metallica, que por cierto, tocó ese fin de semana. Igualmente fue como un concierto, pero de filosofía; una de las ventajas, supongo, de la llamada civilización del espectáculo. Ni la filosofía se salva. Son los tiempos los que la han puesto a pie de calle y llevado a dar un paso mas allá de la mera actividad intelectual, convirtiéndola en una rama más del activismo político. El filósofo de hoy defiende y a la vez encarna sus propias tesis; consciente del poder de los medios, los utiliza para llevar contenido a través del impacto. Slavoj Zizec, Judith Butler, Beatriz Preciado son algunos ejemplos. Acostumbrado a convocar multitudes, al igual que ellos, Han estaba animado. Pero como que empezaba mal. Lo que vino a continuación dolió. Se asombró de que uno de sus libros, La sociedad del cansancio, hubiera sido devorado por los españoles: “No lo hubiera soñado” dijo, “pensaba que a los españoles no les gustaba trabajar.”						]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Ernesto Escobar Ulloa</strong></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El filósofo surcoreano Byung-chul Han se presentó este martes 6 de febrero en el CCCB de Barcelona. &nbsp;La expectación era enorme. Su obra, traducida a una gran cantidad de lenguas, destaca por su capacidad de iluminar desde ángulos críticos la sociedad del hiperconsumo, el neoliberalismo y la era digital. Sin duda por ello se trata de uno los pensadores más influyentes del momento. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;“No sabría decir si estoy en España o en Cataluña”, empezó diciendo; y en medio de risas nerviosas y algo de barullo, añadió: “Ustedes tampoco lo saben.” Sensible a lo crispado de la coyuntura —la sala podía estar fragmentada—, matizó: “No conozco bien este país.” El país en cambio no podría decir lo mismo de él. Es uno de los filósofos contemporáneos más leídos. Como prueba: la misma sala estaba a rebosar, las entradas se habían agotado como si se tratara de un concierto de Metallica, que por cierto, tocó ese fin de semana. Igualmente fue como un concierto, pero de filosofía; una de las ventajas, supongo, de la llamada civilización del espectáculo. Ni la filosofía se salva. Son los tiempos los que la han puesto a pie de calle y llevado a dar un paso mas allá de la mera actividad intelectual, convirtiéndola en una rama más del activismo político. El filósofo de hoy defiende y a la vez encarna sus propias tesis; consciente del poder de los medios, los utiliza para llevar contenido a través del impacto. Slavoj Zizec, Judith Butler, Beatriz Preciado son algunos ejemplos. Acostumbrado a convocar multitudes, al igual que ellos, Han estaba animado. Pero como que empezaba mal. Lo que vino a continuación dolió. Se asombró de que uno de sus libros, </span><i><span style="font-weight: 400;">La sociedad del cansancio</span></i><span style="font-weight: 400;">,</span> <span style="font-weight: 400;">hubiera sido devorado por los españoles: “No lo hubiera soñado” dijo, “pensaba que a los españoles no les gustaba trabajar.” </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"> &nbsp;&nbsp;&nbsp;Que el autor de </span><i><span style="font-weight: 400;">Psicopolítica</span></i><span style="font-weight: 400;"> y </span><i><span style="font-weight: 400;">La expulsión de los distintos</span></i><span style="font-weight: 400;"> soltara tremendo topicazo era para hacer saltar las alarmas. Aquellos libros me habían impresionado, más allá de su lúcido análisis por la fluidez de su prosa, de frases cortas y la intensidad de la mejor literatura. Que ni la propia filosofía se librara de los estereotipos más cansinos era, por decir lo menos, decepcionante, en especial de uno que —no nos engañemos— esconde un viejo prejuicio noreuropeo hacia todo lo que huela a Mediterráneo (la catalogación de PIGS sintetiza muy bien lo que digo). Pero la charla acababa de empezar, quedaba mucho trecho. Quizá era sólo una broma. O quizá había una ironía que en la traducción se había erosionado. Contó luego que en el otro extremo del espectro estaba su país natal, Corea del Sur, que según la OCD es el país del mundo en el que más se trabaja. “A los surcoreanos”, dijo, “se les educa para ser ganado que rinde, de ahí que tengan la tasa de suicidios más elevada del mundo.” Recordó que Lafargue, yerno de Marx, en su libro </span><i><span style="font-weight: 400;">Derecho a la pereza</span></i><span style="font-weight: 400;">, había hecho un llamado en pos de la prosperidad mundial en favor de la abolición del trabajo. España parece estar más cerca que otros en la realización de dicha utopía: “Todavía puede estar orgullosa de tener menos fábricas que los surcoreanos.” Podrá sonar muy bien y generar aplausos, pero en una oficina del INEM como escenario hubieran aplaudido algunos menos. ¿No había un punto medio? </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Profundizando en el tema, Han empezaba a ser más convincente. “Hemos perdido la vivacidad original al dejar de ser un </span><i><span style="font-weight: 400;">animal</span></i> <i><span style="font-weight: 400;">original</span></i><span style="font-weight: 400;">, nos hemos ido debilitando y reducido a la condición de ganado consumista. El sistema neoliberal nos agota. Es una problemática sistémica que no podemos solucionar en el corto plazo. Yo no sería contrario a la independencia de Catalunya —sonrió— si Puigdemont reconstituyera al animal </span><i><span style="font-weight: 400;">original</span></i><span style="font-weight: 400;">.” El aplauso esta vez fue prácticamente general. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No sólo estamos lejos del </span><i><span style="font-weight: 400;">animal original</span></i><span style="font-weight: 400;">, Marx ha quedado obsoleto en la era neoliberal, ya no nos explota el patrón, el patrón somos nosotros. El proletariado organizado ha sido aniquilado. El ser proletario ha dado lugar al </span><i><span style="font-weight: 400;">yo consumista</span></i><span style="font-weight: 400;">. El </span><i><span style="font-weight: 400;">animal original </span></i><span style="font-weight: 400;">sólo puede hallarse en los márgenes, en aquello que niega el sistema. El mismo Han parece esforzarse por encarnar ese ideal. La coherencia resultante de llevar a la práctica la teoría perdona toda contradicción. Y los chistes sin gracia. Después de todo, no se puede afirmar nada sin caer en la contradicción. En su caso, Han rechaza el turismo. No sólo eso: en verdad no le gusta viajar, afirma. &nbsp;“¿A quién no le gusta viajar?” Suelo preguntar en mis clases. Nadie levanta la mano. Han lo hubiera hecho. ¿Cuántos entre el público también? Los aeropuertos son, a su modo de ver, lugares de rotación, donde los turistas circulan como mercancías. Por ello intenta sustraerse de los flujos turísticos. Las masas turísticas están destruyendo el planeta, asegura. Le apeteció sin embargo salir del crudo invierno berlinés y pasar unos días en Barcelona. Aprovechó antes de la charla para acudir al laberinto de Horta, que gracias a la lluvia encontró vacío. “Fue el único momento en el que no me sentí turista en esta ciudad.” En la gruta de Eco y Narciso se inclinó sobre el estanque y de pronto tuvo un momento epifánico: su rostro reflejado en el agua le devolvió la imagen paradigmática del hombre contemporáneo, la de un Narciso perdido en el laberinto digital. Es el tema de </span><i><span style="font-weight: 400;">La expulsión del otro. </span></i><span style="font-weight: 400;">La libido, debido al uso y abuso de las redes sociales, revierte en el propio yo. El problema de esta acumulación de libido es que reduce la llamada </span><i><span style="font-weight: 400;">libido objetiva.</span></i><span style="font-weight: 400;"> Al invertir la libido en el ego la extraemos del objeto, lo que origina una patología. El ser humano no puede estabilizarse solo, lo consigue por intermediación del otro. El </span><i><span style="font-weight: 400;">yo</span></i><span style="font-weight: 400;"> se rompe por sí mismo cuando le falta el otro. Lo necesita para reencontrarse. Hoy todos llevamos este cáncer dentro que se llama narcisismo. La cura es Eros. Eros revitaliza el organismo. Sólo Eros puede devolverle la vida a la sociedad. Necesitaríamos una quimioterapia radical para matar las células cancerígenas y regenerarnos nuevamente. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;“Platón decía que los políticos deben filosofar y los filósofos gobernar. Si me obligaran a gobernar sería más radical que Puigdemont. Cerraría los aeropuertos. Prohibiría que los cruceros atracaran en el puerto. Proclamaría el derecho a la vagancia. El hombre como animal que juega, que no se cansa, esto representaría una independencia real. Pueden ver, así, lo peligroso que es que un filósofo se haga político.” &nbsp;</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dado que para Han no viajar es una misión política, hace tres años tomó la decisión de emprender un viaje inusual, “un viaje al jardín”. Con la pantalla táctil perdemos la noción de la realidad. La realidad tiene que ver con resistencia, con dolor, con miedo. Hace tres años tuvo la necesidad de tocar la tierra, las piedras, y durante tres años creó un jardín que ha llamado “Jardín secreto”. Trabajó muy duro: “Tengo flores que brotan en la nieve.” De la tierra sale el imperativo de protegerla, de cuidarla. La palabra “cuidar” en alemán está relacionada con la belleza. Lo que se contrapone con el turismo, los turistas pisotean la tierra. Y el neoliberalismo explota esa actividad. Es una misión política cuidar de la tierra. Y cuidarla exige alabanza. Así se creó </span><i><span style="font-weight: 400;">Elogio de la tierra.</span></i> <i><span style="font-weight: 400;">El jardín secreto</span></i><span style="font-weight: 400;">, su próximo libro. Hasta entonces la tierra era para Han una lejanía, pero su amor a lo desconocido lo aproximó a ella: “No me puedo enamorar de lo igual. Lo igual no me seduce.” Su extrañeza lo fascinó. Al cavar encontró raíces. Los árboles se comunican a través de las raíces. Las raíces surcan la tierra por debajo del cemento que pisamos transportando sustancias que salvarán a otro árbol de la muerte. Nosotros en cambio expresamos experiencias y opiniones y la comunicación decae. Hoy el canto del pueblo ha enmudecido, el ruido sin embargo aumenta. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;“La realidad se experimenta con la mano, si sólo la experimento con el dedo en la pantalla la pierdo.” Schimitt contrapone el cielo al mar. El mar no conoce fronteras. Schmitt vería en la red digital el mar, el mar de datos, sin confines. El mundo tecnológico es un mar de datos, no podemos habitarlo. Este temor se expande en un barullo de lo igual. Los límites entre privado y público se difuminan. La hipercomunicación actual destruye todas las instancias. Todo se nos acerca de forma amenazante. Estamos achicados por las redes de comunicación. &nbsp;En el idealismo kantiano el ser humano es dueño del conocimiento. El dataísmo pone fin a este idealismo de la Ilustración. El hombre es un lugar de paso para el flujo de datos. En la Ilustración la realidad sustituyó al mito, en el dataísmo los datos sustituyen a la realidad. La transparencia tiene una connotación positiva; sin embargo, la transparencia hace la información libre, pero no al hombre. La transparencia no es una continuación de la Ilustración sino su fin. La digitalización lleva a la destrucción del otro. La acumulación de amigos lleva a la destrucción del amigo. En la era de la red social lo social brilla por su ausencia. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo característico de la sociedad actual es la anulación del dolor. Al perder contacto, queremos amar sin caer en el amor. No queremos ser dañados por el otro, así que las heridas llegan en forma de autolesión. Los </span><i><span style="font-weight: 400;">borderline</span></i><span style="font-weight: 400;"> se autolesionan. La extracción del otro implica un proceso de autodestrucción. El amor propio no excluye el amor del otro. El narcisismo sí. Los </span><i><span style="font-weight: 400;">selfies</span></i><span style="font-weight: 400;"> son </span><i><span style="font-weight: 400;">yo</span></i><span style="font-weight: 400;"> en forma vacía. La adicción al </span><i><span style="font-weight: 400;">selfie</span></i><span style="font-weight: 400;"> refleja el vacío del </span><i><span style="font-weight: 400;">yo</span></i><span style="font-weight: 400;">. El atentado suicida es paradójico, la autodestrucción se puede comparar a la autolesión. El botón de la bomba del terrorista suicida se asemeja al botón de la cámara. La realidad hecha de desesperación ya no merece vivirse. El terrorista es un narcisista con un cinturón de explosivos. Su foto dará la vuelta al mundo. El terrorismo es el último grito de autenticidad. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo ajeno es constitutivo de lo propio. El otro como antídoto contra el desconocimiento de uno mismo. Han pone el caso del actual presidente francés, Macron, que dijo haber conocido a Baudelaire a través de Walter Benjamín. “Un francés que se deja inspirar por un alemán es mejor que un europeo igual en todas partes. Es más erótico que un francés se enamore de un alemán que de un francés. Es más erótico que un catalán se enamore de un español que un español de un español. Así pues hace falta más amor en Catalunya que odio y disputa.” </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Han se había redimido. Y abandonó la sala casi sin turno de preguntas ni firmas.</span></p>
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		<title>Tirarse la pera</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Juan Bautista Duran]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 14 Feb 2016 09:21:14 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[La presentación en Barcelona de Salvo el poder tuvo lugar un sábado a la hora del vermut, en Balius Bar, coctelería del Poblenou hermanada con la librería Nollegiu, de mudanza en esas fechas: abandonaba su primer local en la calle de la Amistad para instalarse en la Juanita, antigua tienda de moda que de algún modo habrá de quitarle el nombre a la librería. ¿Se irá a la Juanita en vez de a Nollegiu? La presentación reunió a una treintena de personas, algunas de las cuales estuvieron al día siguiente en la cadena humana que ayudó a trasladar los libros del espacio original al nuevo, situados en calles paralelas. Bonita iniciativa, sin duda, así como la charla entre Ernesto Escobar Ulloa y Santiago Roncagliolo, plagada de interesantes y reveladores momentos.
«Si hubiera vivido el terrorismo con la edad que ahora tengo, habría tenido mucho más miedo —reconoció Escobar Ulloa—. Teníamos que salir, que vivir… éramos medio inconscientes.» Por entonces, ambos tenían entre diez y veinte años, y por mucho que vivieran en barrios acomodados, estaban expuestos igual a los cortes de luz y a posibles atentados. «Salías a la calle y en los muros ponía “salvo el poder, todo es ilusión”, frase de Lenin que Sendero Luminoso tomó y que básicamente significaba que nada importaba con tal de alcanzar el poder —dijo Roncagliolo—, ni los nuestros ni los suyos, ni las casas derruidas ni los constantes apagones. Debíamos ir con velas a las fiestas porque sabíamos que nos iban a quitar la luz, y todos aprendimos a sellar las ventanas con cinta aislante.» Esto duró cerca de doce años, muy presentes en el libro de Escobar Ulloa, desde el primer relato. También el título, por supuesto, referente al lema de Sendero Luminoso y que tanto juego da. Salvo… ¿quién? Salvo todos. O salvo uno mismo, más bien.
Escobar Ulloa se preocupa de reflejar en estos relatos la vida cotidiana, más que las cuestiones de poder o políticas, más que las intríngulis luminosas y sangrientas. Las muertes están detrás de la pobreza y el malvivir del pueblo, que de pronto —zas— se ve envuelto en un atentado, en una explosión, en un robo. «Habla de la violencia de un modo abstracto››, destacó Roncagliolo; y así es, se nota en los quehaceres y en la manera de reaccionar de la gente, más que por sí misma, como queda patente en el relato “Padres de la patria”. Ahí está la idea del libro, es decir que son los ciudadanos de a pie, con sus necesidades básicas, quienes forman la patria. En el Perú de los años ochenta, sin embargo, la mayor parte tenía que robar y delinquir con tal de hacerse con ello, al margen de andar a la expectativa, a ver cuándo iba a ser el siguiente atentando. Una bomba o un puñado de muertos más, por desgracia, no eran sino meras cifras que engrosaban las estadísticas. «La violencia goteaba hacia dentro —dijo Roncagliolo—, por más que vivieras en un barrio pijo e intentaras aislarte.»						]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>La presentación en Barcelona de <em>Salvo el poder</em> tuvo lugar un sábado a la hora del vermut, en Balius Bar, coctelería del Poblenou hermanada con la librería Nollegiu, de mudanza en esas fechas: abandonaba su primer local en la calle de la Amistad para instalarse en la Juanita, antigua tienda de moda que de algún modo habrá de quitarle el nombre a la librería. ¿Se irá a la Juanita en vez de a Nollegiu? La presentación reunió a una treintena de personas, algunas de las cuales estuvieron al día siguiente en la cadena humana que ayudó a trasladar los libros del espacio original al nuevo, situados en calles paralelas. Bonita iniciativa, sin duda, así como la charla entre Ernesto Escobar Ulloa y Santiago Roncagliolo, plagada de interesantes y reveladores momentos.</p>
<p>«Si hubiera vivido el terrorismo con la edad que ahora tengo, habría tenido mucho más miedo —reconoció Escobar Ulloa—. Teníamos que salir, que vivir… éramos medio inconscientes.» Por entonces, ambos tenían entre diez y veinte años, y por mucho que vivieran en barrios acomodados, estaban expuestos igual a los cortes de luz y a posibles atentados. «Salías a la calle y en los muros ponía “salvo el poder, todo es ilusión”, frase de Lenin que Sendero Luminoso tomó y que básicamente significaba que nada importaba con tal de alcanzar el poder —dijo Roncagliolo—, ni los nuestros ni los suyos, ni las casas derruidas ni los constantes apagones. Debíamos ir con velas a las fiestas porque sabíamos que nos iban a quitar la luz, y todos aprendimos a sellar las ventanas con cinta aislante.» Esto duró cerca de doce años, muy presentes en el libro de Escobar Ulloa, desde el primer relato. También el título, por supuesto, referente al lema de Sendero Luminoso y que tanto juego da. Salvo… ¿quién? Salvo todos. O salvo uno mismo, más bien.</p>
<p>Escobar Ulloa se preocupa de reflejar en estos relatos la vida cotidiana, más que las cuestiones de poder o políticas, más que las intríngulis luminosas y sangrientas. Las muertes están detrás de la pobreza y el malvivir del pueblo, que de pronto —zas— se ve envuelto en un atentado, en una explosión, en un robo. «Habla de la violencia de un modo abstracto››, destacó Roncagliolo; y así es, se nota en los quehaceres y en la manera de reaccionar de la gente, más que por sí misma, como queda patente en el relato “Padres de la patria”. Ahí está la idea del libro, es decir que son los ciudadanos de a pie, con sus necesidades básicas, quienes forman la patria. En el Perú de los años ochenta, sin embargo, la mayor parte tenía que robar y delinquir con tal de hacerse con ello, al margen de andar a la expectativa, a ver cuándo iba a ser el siguiente atentando. Una bomba o un puñado de muertos más, por desgracia, no eran sino meras cifras que engrosaban las estadísticas. «La violencia goteaba hacia dentro —dijo Roncagliolo—, por más que vivieras en un barrio pijo e intentaras aislarte.»</p>
<p>Para Escobar Ulloa hablar de otra cosa, aseguró, habría sido artificial. «El terrorismo está en mi memoria —enfatizó—. Nosotros fuimos los privilegiados, y eso es lo paradójico, cómo nos las arreglamos para ser felices en ese momento. Había toques de queda, pero…» No podían quedarse en casa a perpetuidad y dejar de vivir, a eso se refería, no podían dejar de ser y de disfrutar, a pesar de la amenaza constante. En una ocasión se dio a la fuga hacia la sierra, zona de Sendero Luminoso, un hecho que asombró a Roncagliolo, conocedor de los controles e impedimentos que había en las carreteras. En casa dejó una nota para su madre, conforme se declaraba responsable de sus actos, pasara lo que pasase. «Me tiré la pera», dijo, expresión que en español ibérico significa hacer novillos. Hay personajes en <em>Salvo el poder</em> que se tiran la pera, como los protagonistas del relato titulado “Juegos Olímpicos”, y en parte quienes asistieron al acto se tiraron igual la pera. Abandonaron sus obligaciones familiares, sus compromisos deportivos, su compra semanal en el supermercado… para acudir a una charla entre dos peruanos en una coctelería, algo que ninguna suegra podría aceptar, una excusa inválida, una falta de respeto, un despecho a la familia.</p>
<p>Escobar Ulloa tomaba un gin-tonic y Roncagliolo un cóctel rojo que mandó rellenar un par de veces. También los asistentes estaban bien servidos, los que más con vermut, bebida oficial a esas horas y bebida inspiradora si uno anda en buena compañía. Merece la pena tirarse la pera por un vermut, y más aún por un libro como <em>Salvo el poder</em>, debut literario de un autor que sabe medir la tensión narrativa y habla de su aldea, como se suele decir, para llegar a la de todos. El brindis fue unánime, y aunque algunos no osaron entrar, por temor a colapsar el espléndido local, los que atendieron a las explicaciones de ese dúo peruano ejercieron de padres de una patria nada despreciable.</p>
<p>Escrito por <strong>Juan Bautista Durán</strong></p>
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		<title>Clase media</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Juan Bautista Duran]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Dec 2015 16:02:33 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[La escritora chilena Claudia Apablaza, editora también de Los Libros De La Mujer Rota, escribió en 2007 un revelador e inquietante relato titulado Mi nombre en el Google. ‹‹Cada noche busco mi nombre en el Google —dice al principio el narrador—. Hace exactamente tres semanas que no aparece nada nuevo. Esto me irrita, me molesta, me produce mucha rabia.›› Esta circunstancia llegará a no pocas personas, quienes cada noche, pues la noche es débil, teclearán su nombre en el ordenador o el teléfono móvil con la ilusión de encontrarse a sí mismos o de encontrar una nueva idea de sí mismos que otros habrán vertido. ‹‹A estas alturas —continúa el relato de Apablaza—, si no apareces en el Google, no eres nadie.›› Da igual a lo que uno se dedique, ya sea a las artes, a las leyes, a las finanzas, a la gastronomía o al deporte; en todos los campos Google sirve de expansión y de gratuito reconocimiento, ya que nada o casi nada cuesta, y nada, desde luego que nada, retribuye; pero hay que estar ahí.
Tantos personajes que quisieran saberse en Google, ya no tanto para tener noticias de su inmediato futuro, como le sucede al personaje de Apablaza, cuanto para tener conciencia de sí mismos en otro mundo que no es el suyo pero es el que desean, como muestra fehaciente de que dejaron atrás la realidad oscura en que les tocó crecer. Así andan los personajes de Salvo el poder, el esperado debut narrativo del periodista peruano Ernesto Escobar Ulloa, once relatos unidos por el sentimiento de desarraigo, de ser víctimas de hechos con los que nada tuvieron que ver, y cuyo peso, sin embargo, llevan a cuestas. Como resalta Santiago Roncagliolo en el prólogo, Escobar Ulloa se ocupa al igual que Ribeyro de la clase media, y cuando acude al poder es para sentirlo desde la maltrecha clase media. Su galería de personajes, en palabras de Roncagliolo, ‹‹está al borde del abismo. Y cada día da un paso adelante. Come en pollerías baratas. Esquiva furgonetas de transporte público como leones en un safari. Compra estampitas en puestos de la calle. Roba en centros comerciales emergentes››. La enumeración podría alargarse, con referencias directas o indirectas a dichos personajes, algunos de los cuales, si bien no se buscan en Google, sí lo usan para sacar información de su interés. ¿Y qué encontrarían en caso de escribir sus propios nombres? Nada bueno, probablemente, peor aún que el personaje de Apablaza, al que encima le falla la conexión. Quiere saber qué hay de nuevo sobre sí mismo, qué trae la prensa, si es que algo trae, e incluso los propios internautas. Pero internet da error una y otra vez, un hecho para nada aislado, frecuente igual en las casas humildes que en las de clase media, y quizá también, es un suponer, en las de la clase más elevada. Pero éstos… ¿qué buscarán, acaso también sus nombres?						]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>La escritora chilena Claudia Apablaza, editora también de Los Libros De La Mujer Rota, escribió en 2007 un revelador e inquietante relato titulado <em>Mi nombre en el Google</em>. ‹‹Cada noche busco mi nombre en el Google —dice al principio el narrador—. Hace exactamente tres semanas que no aparece nada nuevo. Esto me irrita, me molesta, me produce mucha rabia.›› Esta circunstancia llegará a no pocas personas, quienes cada noche, pues la noche es débil, teclearán su nombre en el ordenador o el teléfono móvil con la ilusión de encontrarse a sí mismos o de encontrar una nueva idea de sí mismos que otros habrán vertido. ‹‹A estas alturas —continúa el relato de Apablaza—, si no apareces en el Google, no eres nadie.›› Da igual a lo que uno se dedique, ya sea a las artes, a las leyes, a las finanzas, a la gastronomía o al deporte; en todos los campos Google sirve de expansión y de gratuito reconocimiento, ya que nada o casi nada cuesta, y nada, desde luego que nada, retribuye; pero hay que estar ahí.</p>
<p>Tantos personajes que quisieran saberse en Google, ya no tanto para tener noticias de su inmediato futuro, como le sucede al personaje de Apablaza, cuanto para tener conciencia de sí mismos en otro mundo que no es el suyo pero es el que desean, como muestra fehaciente de que dejaron atrás la realidad oscura en que les tocó crecer. Así andan los personajes de <em>Salvo el poder</em>, el esperado debut narrativo del periodista peruano Ernesto Escobar Ulloa, once relatos unidos por el sentimiento de desarraigo, de ser víctimas de hechos con los que nada tuvieron que ver, y cuyo peso, sin embargo, llevan a cuestas. Como resalta Santiago Roncagliolo en el prólogo, Escobar Ulloa se ocupa al igual que Ribeyro de la clase media, y cuando acude al poder es para sentirlo desde la maltrecha clase media. Su galería de personajes, en palabras de Roncagliolo, ‹‹está al borde del abismo. Y cada día da un paso adelante. Come en pollerías baratas. Esquiva furgonetas de transporte público como leones en un safari. Compra estampitas en puestos de la calle. Roba en centros comerciales emergentes››. La enumeración podría alargarse, con referencias directas o indirectas a dichos personajes, algunos de los cuales, si bien no se buscan en Google, sí lo usan para sacar información de su interés. ¿Y qué encontrarían en caso de escribir sus propios nombres? Nada bueno, probablemente, peor aún que el personaje de Apablaza, al que encima le falla la conexión. Quiere saber qué hay de nuevo sobre sí mismo, qué trae la prensa, si es que algo trae, e incluso los propios internautas. Pero internet da error una y otra vez, un hecho para nada aislado, frecuente igual en las casas humildes que en las de clase media, y quizá también, es un suponer, en las de la clase más elevada. Pero éstos… ¿qué buscarán, acaso también sus nombres?</p>
<p>Lo interesante de buscarse a uno mismo está en las asociaciones que Google hace, en función del nombre y de aquello que viene relacionado con el nombre, es decir, lugares, aficiones, amistades y vicios de la persona en cuestión. Google tira del hilo son compasión, listo para dar muerte al Minotauro y a la malsana curiosidad, para luego volver atrás libre de culpas. De los personajes de Escobar Ulloa revelaría no pocas tropelías, desde robos a colmados a integración en el Partido Comunista, pasando por el asalto a un burdel. Pero estar en Google, verse en Google, y más aún si es en la primera página, significa formar parte de las historia, desde ya, desde el momento en que el cursor se ubica junto al nombre y su leve tintineo acusa la historia viva. Todo así, tan rápido, antes incluso de que el periódico de la mañana traiga las noticias.</p>
<p>El personaje de Apablaza pretende saber a través de Google cuándo saldrá su próximo libro, un método para él mucho más eficaz que el clásico telefonazo al editor, si no fuera porque la conexión a internet le falla. Y esto es lo más certero. Internet falla, en los cuentos de Apablaza, en los de niños, en los de nunca acabar… y siempre por supuesto cuando uno menos se lo espera. Los magnates y hombres de negocios hechos a sí mismos que lo gestionan no son más que espabilados ladronzuelos que nunca perdieron el tiempo buscando su nombre en Google, si acaso en burdeles cinco estrellas, en los mayores saraos, donde la conexión nada tiene que ver con la que ofrecen y cobran a la sufrida clase media de Ribeyro y Escobar Ulloa, esa clase, a fin de cuentas, tan necesaria para la estabilidad social y económica y mental.</p>
<p>Escrito por <strong>Juan Bautista Durán</strong></p>
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